domingo, 1 de junio de 2008
Entrevista a Woody Allen: Match Point 2
Aquí os transcribo la entrevista enterita que Fotogramas le hace a Woody Allen a proposito de su nuevo estreno, en ella se demuestra que mejor o peor, sigue haciendo el cine que quiere y le apetece, y eso vale mucho...
Woody Allen vuelve, tras "Match Point", con un film que define como "una comedia ligera sobre suspense y periodismo". En esta entrevista habla de Scarlett Johansson, de su obsesión por el Cielo y el Infierno, de su inminente rodaje en Barcelona y de George W. Bush
Ningún otro cineasta ha capturado la vitalidad ni la neurosis de Nueva York como Woody Allen, hoy raptado en la habitación del hotel Park Avenue de Manhattan. Rodeado de publicistas e imperturbable por la agitación a su alrededor, habla en voz baja y sin pretensiones, es accesible y directo y responde a cada pregunta con aplomo, aguda inteligencia e ingenio.
La suerte es un elemento importante en este film; ¿esto lo convierte en complementario, por el factor fortuna, de Match Point (2005)?
No, no, es un puro accidente. Lo que ocurre es que mientras rodaba Match Point con Scarlett pude hablar mucho con ella, y me pareció que era muy, muy divertida, con mucho sentido del humor y mucha vitalidad. Así que pensé: Esta chica debería estar haciendo comedia. Y también pensé que me encantaría hacerla con ella. ¿Qué comedia tengo en cartera que pueda hacer Scarlett? Y se me ocurrió que este film sería perfecto para ella, y que yo podría tener un pequeño papel. Pero fue puro azar.
¿Es su nueva musa?
No. La gente siempre me lo pregunta. Ella es, simplemente, una chica a la que conocí en Match Point. La usé en ese film y luego hice esta comedia con ella, y espero que algún día podamos volver a trabajar. Ella está haciendo muchas películas y yo estoy trabajando en muchas películas.
¿Le recuerda a Diane Keaton?
Ummmmm.... No, me recuerda a otras personas que he conocido, y Diane no es una de ellas. Scarlett es más de Nueva York, más cosmopolita que Diane. Diane es más la chica de ciudad pequeña, como la que interpretaba en Annie Hall (1977).
¿Da grima escribir su propia muerte en el guión?
No, ya lo había hecho antes. No tengo ningún problema mientras solo pase en el guión.
¿Le viene más a menudo la muerte a la mente, ahora que se está haciendo mayor?
Siempre ha estado presente. Recuerdo que en Bananas (1971) me metía en un ataúd, cerraba la tapa y me estaba un rato dentro por el gag. Y en La última noche de Boris Grushenko (1975) escribí mi propia muerte. Este tema siempre me ha obsesionado, pero no más ahora que me estoy haciendo viejo.
Si pudiese escribir su muerte en la vida real... ¿sería divertida?
No; moriría tranquilamente mientras duermo.
En esta película aparece el Purgatorio, y es una visión inquietante. ¿En qué piensa cuando se imagina la otra vida?
Siempre pienso en ella en términos clásicos. Describí el Infierno en Desmontando a Harry (1997), y fue un gran Infierno, muy clásico. Gran parte de cómo veo las cosas está influenciada por cómo las he visto en el cine. En Scoop, por ejemplo, la forma en que muestro a los periodistas está imbuida por cómo los veía, de pequeño, en el cine. Eran héroes: hablaban deprisa, bebían café, trabajaban hasta muy tarde, conseguían la historia, y hacían un trabajo más peligroso que la policía, arriesgando sus vidas. Y por eso siempre los he visto de forma carismática. Lo mismo me pasa con Nueva York: la forma en que la describo en pantalla procede de cómo la veía de pequeño en el cine. Porque cuando era un niño no vivía en Manhattan, sino en Brooklyn, que está a 40 minutos.
Hay gente que piensa que sus películas son mejores cuando usted no actúa en ellas.
Yo soy de los que lo piensa.
¿Qué le decide a hacer de actor en sus films?
En este caso, había un papel para mí, pensé que podría dar vida a un mago divertido. Pero creo que debería hacer más películas sin mí como actor, porque tengo el problema de que si aparezco debe haber un papel que pueda hacer, lo que hace que la película deba ser una comedia. Y además una comedia tonta. Pero si yo no hago de actor el problema desaparece, y puedo hacer una película como Match Point, o lo que quiera.
¿Qué nos puede decir sobre el film que rodará en Barcelona? ¿Estará hablado en español?
No, será en inglés. Pero usaré a muchos intérpretes españoles y a mucho equipo de allí.
¿Tiene a alguien en mente?
No haré el casting hasta marzo o abril del próximo año. Ahora es demasiado pronto, ya que todavía estoy reescribiendo el guión.
Usted y el presidente Bush tienen una cosa en común: los equipos que trabajan con ustedes están en casa a las 6 de la tarde...
Seguro que tenemos más cosas en común. Pero déjeme decir que no me estoy refiriendo a la política; estoy al otro lado del espectro. Por lo demás, a los dos nos encanta ver deportes.
Siempre se ha mantenido alejado de la política, pero... ¿no cree que es el momento de que los intelectuales hablen sobre lo que está ocurriendo en USA?
Siempre me he mantenido a distancia porque, desde el punto de vista artístico, nunca me ha interesado la política. Nunca me he considerado un intelectual que tenga algo novedoso o interesante que decir sobre el tema. Mi opinión no es diferente de la del tipo de la calle que siente que la administración no está trabajando bien para nosotros. Así me siento, sin hostilidades personales. Esperaba que la administración Bush hiciera un buen trabajo y no lo han hecho. Y trabajaré duro para que gobierne un partido diferente; creo que eso ocurrirá.
¿Cree que el éxito de Match Point es un lastre para Scoop, ya que se han generado demasiadas expectativas?
No. Creo que cada film tiene sus propios méritos. Match Point y Scoop son tan diferentes que no creo que nadie las pueda relacionar. No me gusta hacer el mismo tipo de película una y otra vez... No quería hacer otra película como Match Point: quería hacer un film como Scoop, y luego, tal vez, otra película como Match Point, y luego un musical... Creo que es importante mantener a mis enemigos desconcertados.
Si queréis en enlace de la entrevista, aquí lo tenéis: Fotogramas
Entrevista a Woody Allen: Melinda & Melinda
Entrevistar a Woody Allen es un honor, que tuve ocasión de vivir con ocasión del pasado Festival de San Sebastián, donde el director neoyorquino recibió el Premio Donostia. Hacer una película todos los años, y mantener un excelente nivel, no es tarea sencilla, pero él la aborda con ejemplar puntualidad. Quizá Melinda y Melinda no sea su mejor film, pero como es habitual, su punto de partida ya es toda una sorpresa. | |
| La película juega con la idea de comedia y drama. En algunos pasajes he dudado si era comedia o drama. ¿Ha querido jugar a la confusión, es decir, que al final el espectador crea que es todo muy parecido? Pienso que son mundos tan cercanos que lo mismo se puede ver como una tragedia o como una comedia. Depende del punto de vista con el que se mire, o de la situación en la vida de cada uno. El mismo acontecimiento puede verse de dos maneras diferentes. En varias entrevistas usted ha declarado tener un sentimiento trágico y pesimista de la vida. A algunos espectadores nos resulta imposible creer que esto es así, con su sentido del humor. Hay momentos en los que me he sentido bien, porque han sido agradables y felices. Algunos ha habido. Pero en general sí que soy muy pesimista cuando pienso en la vida. Espero que mis películas hayan reflejado muchas cosas diferentes, pero pienso que la idea que reina en todas ellas es bastante oscura. Cuando leo el periódico todas las mañanas y veo lo que ocurre, no puedo evitar sentirme pesimista. Usted es uno de los más reputados directores, actores y guionistas del cine actual. ¿Pensó de pequeño alguna vez que podía llegar tan lejos? No. Me echaron del colegio y tuve suerte, porque escribía chistes. Gracias a eso pude sobrevivir, pero nunca imaginé que podría llegar a esto, que aquello que escribía entonces podría llevarme al éxito. Siempre he dicho que era una persona con mucha suerte. El resto de amigos del colegio se iban convirtiendo en médicos, abogados, o economistas. Yo francamente no sé qué hubiera podido hacer si no me hubiera dedicado a esto. ¿Escribir guiones a partir de una idea es parecido a vivir la vida? Al escribir todo tiene su lógica. Hay cosas que salen bien y otras que salen mal. Al final, lo único que te puede pasar es que ruedes una mala película. Pero cuando en la vida real reflexionamos sobre algo, y uno se deja llevar por su instinto, las consecuencias pueden ser mucho peores que simplemente una mala película. ¿Qué supone para usted el premio Donostia que recibió en el festival de San Sebastián? ¿Qué piensa de que las comedias apenas reciban premios? Venir a recibir el premio Donostia ha sido una manera de agradecer al público español su fidelidad y su apoyo durante todos estos años. Para mí es una gran oportunidad estar aquí y poder agradecérselo de esta manera. Las comedias lo tienen más difícil para conseguir premios, porque los trabajos serios siempre calan más hondo dentro de nosotros. El mundo es trágico por naturaleza, y las tragedias nos llegan de una manera más profunda. Se suele decir que la comedia es un trabajo intelectual difícil de hacer, pero al final se ve que realmente las comedias apenas reciben premios. Ahí subyace la idea de que la tragedia es más importante. La comedia se relaciona siempre con destrucción y el drama con la confrontación con la realidad. Siempre se ha dicho que sus películas tienen siempre un carácter autobiográfico. ¿Cree que cada una de ellas representa su estado de ánimo en ese momento? ¿Alguna se basa en una anécdota importante de su propia vida? Se ha convertido en un tópico, pero estoy de acuerdo en que mis películas reflejan mis observaciones, mis sentimientos y anécdotas específicas que me han ocurrido en momentos determinados. La gente suele aceptarlas como autobiográficas, y no siempre han sucedido las cosas tal cual, pero sí que reflejan mi filosofía y mi forma de pensar. Hubo una época en que siempre trabajaba con Mia Farrow y Diane Keaton, pero ahora cambia de actores en cada película. ¿Siente la necesidad de probar intérpretes nuevos? ¿Conocía a Radha Mitchell antes de darle el papel protagonista? En el caso de Mia Farrow y Diane Keaton lo único que puedo decir es que nos compenetrábamos muy bien y pasábamos el tiempo juntos. Vivía con ellas y pasaba todo el día con ellas, y creo que fue una experiencia gratificante rodar con ellas. En cuanto a los demás, es cierto que tengo muchas preferencias en cuanto a los actores, a veces escribo pensando en alguno de ellos, y prefiero que sean los que terminen interpretando ese papel. En el caso de Radha Mitchell, la conocí en un corto de diez minutos que había rodado para la universidad. Y me gustó, me pareció una chica muy interesante, guapa y que sabía interpretar. Algunos de mis colaboradores eran reacios y me preguntaban por qué le había dado un papel tan importante, y si sería capaz de hacerlo. Pero yo creía que sí, porque pensaba que si podía actuar diez minutos también podía hacerlo durante dos horas. ¿Por qué en las películas en las que usted no actúa siempre elige a un actor para que haga un papel parecido a la imagen que tenemos de usted? Me sustituyo por John Cusack o Will Ferrell. Sí que me gusta interpretar a los protagonistas, pero hay que ser realista y ver que ya no soy el más indicado para los papeles románticos. La gente quiere ver los problemas que tiene una persona joven y romántica, y yo ya no estoy para esos trotes. ¿Qué piensa de los resultados de las elecciones estadounidenses? Pienso que como ciudadano es importante que participemos en la democracia, porque la democracia es el gobierno del pueblo, y si éste no participa, no tiene sentido. De momento hay que participar. Hay muchos votantes indecisos en Estados Unidos, lo cual es inexplicable. Si la Administración Bush fuera una empresa, y Bush el director, llegaría un momento en el que le despedirían, porque el trabajo que ha hecho no es el más adecuado. Creo que está muy claro que habría que haberle sustituido por otros que sean capaces de solucionar los problemas a los que se enfrenta EE.UU. actualmente. ¿Ha venido alguna vez a rodar a Europa? Parece ser que hay un proyecto para que usted ruede en Barcelona, ¿sería capaz de hacerlo? ¿Ha estado en una corrida de toros? Sí que he estado alguna vez. El año pasado estuve rodando alguna secuencia en Londres y fue muy gratificante. Estaría encantado de venir y rodar en España. Las personas que tienen la idea de rodar una película necesitan encontrar financiación. En cuanto se consiga eso, si se consigue, estaría encantado de rodar en Barcelona, porque es la ciudad que me han propuesto inicialmente. Tendría que hacerse en una gran ciudad. Si me dijeran de ir a Madrid, Salamanca o alguna de las maravillosas ciudades españolas también estaría encantado. No he estado en una corrida de toros. La he visto televisada en México. Me gustó el ambiente que se respira. El New York Times le pidió en una ocasión que comentara una película que usted decidiera, y se decantó por Raíces Profundas. ¿A qué se debió la elección? ¿Le gustaría rodar un western? Me propusieron comentar una de mis películas favoritas. Elegí Raíces profundas porque me parece el mejor western jamás filmado. Como siempre estoy hablando de Bergman, de Kurosawa, de Fellini, de Buñuel, pensé que por elegir algo diferente no perdía nada. Así variaba un poco. Me parecería un proyecto interesante rodar un western. Pero tendría que rodarlo sin dejar la ciudad de Nueva York, porque estoy acostumbrado a trabajar allí. Si encuentro alguna forma de conseguir que eso se pudiera hacer, lo haría. Me he enterado de que Sean Penn ha hecho una película en la que viaja por todo el territorio estadounidense, por Chicago, Los Ángeles, etc. y que todo eso está rodado en Nueva York. Si yo pudiera hacer lo mismo sin salir de Nueva York, sería ideal para mí. | |
| José María Aresté | |
| 01/05/2005 |
Reportaje a Woody Allen
Lleva 30 años haciendo películas (acaba de rodar la vigesimooctava) y proyectando a través de ellas sus obsesiones, neurosis y ansiedades. Pero, a pesar de haber creado a partir de sí mismo el personaje ficticio de más larga trayectoria en la historia del cine, niega parecerse a sus alter egos fílmicos. El pasado diciembre cumplió 62 años y se casó por tercera vez. Cuatro días antes de su enlace con Soon-Yi Previn, y en una suite del Hotel Palace barcelonés, Allen desprendía seriedad, autoconfianza e imperturbabilidad. Genial cineasta prolífico y hombre público de reciente perfil controvertido, su discurso y talante radian serenidad.
P.-¿Es cierto que quiso subtitular la película, El peor hombre del mundo?
"Mi prioridad ahora es el amor, es la mujer que está conmigo, Soon-Yi Previn" |
"Me considero víctima de una injusticia judicial" |
Entrevista a Woody Allen: La maldición del escorpión de Jade
Entrevista Woody Allen: “No estaba interesado para nada, en satirizar Hollywood”.
Por Brandon Judell/Indiewire.com/
Traducción Ricardo Torres
Entrevista con apoyo de indieWIRE.com
(indieWIRE/ 04.29.02) En el Hotel Darke, en una mañana de domingo, Woody Allen estaba por continuar el trabajo de promover su más reciente esfuerzo: “Hollywood Ending.” No piensen mal. No se trata de una película como "The Curse of the Jade Scorpion." Esto es un Woody bastante gracioso como lo fue en los Oscares.
Y hablando de Oscares, Allen ha sido nominado seis veces como mejor director, 13 veces para mejor guión, una para mejor actor, y dos veces por mejor película, y ha ganado cuatro.
“Hollywood Ending” es sobre el director de cine Val Waxman que tiene la oportunidad de regresar a su trabajo gracias a su ex esposa (Tea Leoni). El único problema es que cuando está por iniciar la filmación, enfrenta un caso de ceguera psicosomática. ¿Puede un hombre ciego filmar una película? Quizá Woody nos está diciendo, “Bueno ya no podemos hacer las cosas mucho peor que las cosas que hacen los que tienen una visión de 20/20”.
indieWire:¿Qué significa el cine para ti? ¿Estás obsesionado con él?
Woody Allen: No estoy obsesionado. Uno de los placeres de mi vida cuando niño, era ir al cine. Como adulto, también voy al cine. También ha sido una manera de ganarme la vida. Soy alguien que fue corrido de la escuela y que no tiene ángel para los negocios, o la medicina, o leyes o cualquiera de esas cosas. He sido capaz de vivir a lo largo de los años, de hacer películas. Es un trabajo despreocupado. En realidad no es un trabajo físicamente difícil. Entonces me gusta hacerlo, pero no he estado obsesionado con él. Si no pudiera trabajar en otra película, sería muy feliz trabajando en el teatro o escribiendo libros o algo así. Pero sí me gusta el cine. Es una forma de entretenimiento bastante placentera para mí.
iW: Siempre haces declaraciones diciendo que tus películas están muy lejos de reflejar tu vida actual. Esta parece mucho más autobiográfica. ¿Lo es?
Allen: Bueno, sólo profesionalmente. Actúo como un director de cine y soy un director de cine. Pero no estoy loco. Jamás he sido demandado por el no-cumplimiento de una película. No soy tan hipocondríaco. Soy alarmista y hay toda una diferencia. No imagino que estoy enfermo; pero si se me parten los labios o algo así, de inmediato pienso que es cáncer. Me voy directo a lo peor que puede pasar, es una neurosis distinta. En realidad nunca he tenido enfermedades psicosomáticas.
iW: Sin embargo hay pequeños momentos en el filme que parecen reflejar lo que pensamos que sabemos sobre ti.
Allen: Pude hacer “reflejo” muy preciso en la película porque sé muy bien cómo trabaja un director de cine. Sé qué es lo que ocurre en el set, lo que ocurre en las juntas de los cuartos de hotel. Entonces pude “reflejar” de manera precisa en la película y esas son experiencias mías. Pero podrías estar hablando con cualquier director de cine y te diría lo mismo. Le pasa a todo el mundo. Si usara mi propio personaje, no sería ni la mitad de gracioso que el personaje de Val en la película.
iW: Muchos directores han hecho películas sobre cómo hacer películas. Es un objetivo muy jugoso. ¿Por qué escogiste este objetivo ahora?
Allen: Nunca pensé en esto como un “objetivo”. Sólo pensé, ¡Dios, ésta es una idea graciosa! Jugué un poco con ceguera psicosomática y pensé en diferentes profesiones en las que sería gracioso. En algún punto pensé en cirugía. En otro momento pensé en el boxeo. Y luego la noción de un director de cine me pareció gracioso, pero no estaba interesado para nada, en satirizar Hollywood. Sólo me interesaba en lo divertido que sería un director de cine ciego forzado a hacer una película porque su carrera estaba en peligro. La única oportunidad que pudo obtener fue a través de su ex esposa y del apuesto director del estudio que le robó a su esposa. Ahora tiene que trabajar con estas personas todos los días.
iW: ¿Qué piensas sobre el Cine Digital? Te gustaría trabajar en digital y así trabajar con un crew más pequeño? ¿Más libertad? ¿O percibes el digital como menos atractivo?
Allen: No, no, para nada. Sería grandioso. No está perfeccionado lo suficiente. Pero realmente está llegando a este punto, y cuando lo haga creo que abrirá enormes posibilidades a los realizadores. Es una gran manera de trabajar. Sería bueno tener más fluidez haciendo películas.
iW: Tú dices que te han confundido con un artista, pero eres un artista. “La rosa Púrpura del Cairo es una gran película. Has inspirado a miles de directores, incluyendo a John Singleton. Él ha dicho que tus películas le dieron la libertad para hacer las películas que ahora hace. ¿Tú no le das importancia a esto? ¿Te das cuenta de la fuerza tan importante que eres en la historia del cine?
Allen: Bueno, es gracioso. Estaba diciéndole a alguien más justo lo opuesto. Cuando miro a mi alrededor y veo las películas que veo, veo una mayor influencia de Martin Scorsese predominantemente. Todo nuevo cineasta está influenciado por Martin Scorsese. Veo alguna influencia de Oliver Stone en la gente. He visto mucha influencia de Francis Coppola. Pero ¿sabes? También veo a todos estos jóvenes que hacen comedias, y en ninguna manera los he influenciado. En un guión hace unos años de “Harry y Sally” pude ver una influencia. Pero nada en estos jóvenes que hacen películas de comedia. No veo nada en David O. Russell o los hermanos Coen o Wes Anderson.
iW: Quizá es porque le diste a la gente la libertad de filmar sus propios mundos. Las vidas que los rodean. No tienen que hacer exactamente una película de género. Singleton podría hacer filmes negros personales en la forma en que los tuyos reflejan la experiencia judía.
Allen: Bueno quizá en una manera teórica se podría decir que estas personas están haciendo películas sobre sus propias experiencias, y yo hago películas sobre mis propias experiencias. Pero no veo que yo haya contribuido en nada en términos de técnica como para que veas una película y digas: “Este tipo tiene el estilo o cualquier cosa de Woody Allen. Simplemente no lo veo por ningún lado.
iW: “The Sidewalks of New York” fue influenciada por ti. Es una especie de un vistazo malo y amable a Woody Allen.
Allen: ¿Quién sabe? No lo sé…Fellini. Pero es difícil para mí verlo. Vi “Election.” Pienso que esa fue una comedia graciosa. Pero no vi nada mío en ella. Vi “Flirting With Disaster.” Y no encontré nada mío en ella. ¿Sabes? En la que sale Bill Murray. La que estuvo nominada para un Oscar.
iW: “Rushmore.”
Allen: “Rushmore”. No vi nada de mí en ella. Básicamente son jóvenes contemporáneos que son buenos.
iW: Apareciste en los Oscares este año. Vas a ir a Toronto por primera ves. Cannes por primera ves. ¿Estás ahora en un “modo viajero”?
Allen: Me pidieron hacer lo de los Oscares. Me han pedido hacer una serie de cosas para Nueva York desde el 11 de septiembre y las he hecho. No me gustaría decir que no. No fue para obtener un premio o entregar un premio. Fue algo que hice por Nueva York y sentí que quería contribuir haciéndolo.
Lo de Cannes es porque los franceses me han apoyado ya por 30 años. Han sido muy aficionados a mí. He mostrado mis películas en Cannes muchas veces fuera de competencia. Me han invitado varias veces. Siempre les digo “no, no quiero ir”. Y sentí que me quería ser recíproco por una ves, y mostrar mi gratitud. Pensé que esta película sería una buena opción para hacerlo.
iW: Con el paso de los años ¿ha cambiado tu idea sobre para quién son tus películas? ¿Has pensado en la audiencia?
Allen: No he pensado mucho en ellos porque sé que son muy pocos y no sé quiénes son. Y ninguna compañía fílmica ha podido saber quiénes son con toda su investigación y pruebas de mercadotecnia. No son gente joven. No son baby boomers. No son necesariamente gente de Nueva York. No son necesariamente judíos. No hay buenos indicadores de nada. Osea, puede irme muy bien inexplicablemente en Minnesota. No sé por qué. Y quizá no me vaya bien en Chicago por alguna razón. Nadie ha podido descifrarlo bien nunca. La constante para mí ha sido Europa. Europa, de nuevo sin explicación, abrazó mis películas años atrás y sigue haciéndolo. Y esto no es sólo Europa. También en el lejano este y Argentina, Sudamérica en general, Brasil, México.
IW: ¿Qué ocurre con Nueva York?
Allen: Nueva York es muy bueno para mis películas pero, ¿sabes? Es la cosa más rara. Nunca han podido descifrar datos demográficos. Pensaron que me iría muy bien en pequeños pueblos junto a grandes Universidades, pero en algunos me fue bien y en algunos no. Simplemente no se puede descifrar.
iW: ¿Esto te confunde?
Allen: Estoy confundido en el sentido de por qué no les va mejor a mis películas porque siento que son accesibles. No todas son buenas pero otras son tan buenas como cualquier otra película que le va bien en taquilla. Así que nunca he podido descifrar por qué siempre he tenido una audiencia tan pequeña.
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Entrevista a woody allen match point
ENTREVISTA A WOODY ALLEN: ´LA MUJER ES SUPERIOR AL HOMBRE´
HABLA SOBRE "MATCH POINT", SU PRÓXIMO FILM, EL PSICOANÁLISIS Y SU MIRADA SOBRE EL SEXO FEMENIMO.
Pero es este mismo Woody Allen el que sigue creando gags desopilantes, el que escribe y filma al menos una película de calidad por año. La última, “Melinda y Melinda”, está por llegar a los cines argentinos. Y es el mismo Allen que concedió a LA NACION una entrevista de una hora y media en su cine privado, allí, en el Manhattan Film Center, que armó en la zona más exclusiva de esta ciudad, en el cruce de Park Avenue y la calle 63.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confeso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
Cumplirá 70 años en diciembre y no le encuentra a eso un aspecto positivo, sino uno risible. “¡Odio ponerme viejo! No te pones más sabio, ni más tranquilo, ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura... ¡Nada de eso!", dice, y ríe. Y cuando replico que se lo ve muy bien, aparece el Woody que todos esperamos: "Bueno, gracias... (calla unos segundos) ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa!", retruca. "Pero no soy hipocondríaco, ¿eh?" Y ríe, cómplice, otra vez.
-La crítica coincide en que con "Melinda y Melinda" ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho? [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. "¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!", pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: "¡Ustedes no se dan cuenta de la idea maravillosa que tenía y de cómo la arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!" Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
-¿Me dirá, al menos, hasta qué punto lo satisfizo "Melinda y Melinda"?
Representa la mitad de lo que imaginé.
-¿Pensó en filmarla otra vez?
No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 o los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 o 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a "El aviador" [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Esa película tuvo un presupuesto enoooorme, y está claro que Martin no dilapidó el dinero, pero, a su vez, recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
-Pero lo notable -y, para usted, lo halagador- es que, aun con sus bajos presupuestos, los actores quieren trabajar bajo sus órdenes?
[Sonríe con picardía, por primera vez.] Bueno, sí, si los atrapo en el momento correcto. No van a trabajar en mis películas si algún otro les dice al mismo tiempo que les pagará diez millones de dólares, porque nosotros le damos el mínimo absoluto, mil dólares por día, cinco mil dólares por semana, cuando en otros films cobran fácilmente un millón de dólares por semana. Pero si cuando los llamo están en sus casas y les atrae el guión, entonces dicen que sí, que harán la película porque cobran dinero suficiente por las otras. Pero si les gusta el guión y después los llama Scorsese con una oferta de 15 millones de dólares? eso es todo. [Chasquea sus dedos otra vez.] ¡Se escapan!
-Esta es, desde 1999, la primera película en la que no actúa, y tampoco aparecerá en la próxima, "Match Point". ¿Prevé reaparecer en la siguiente?
Sí, en la que filmaré este verano [por este invierno argentino]. Filmaremos en Londres, con Scarlet Johansonn. [Se pone serio, de improviso.] Cuando aparezco en una película debe ser una comedia. No soy un actor serio: la gente se ríe de mí, y "Match Point" es un film bastante serio. Si apareciera en la película, la arruinaría.
-Usted ha recibido toda clase de reconocimientos. ¿Aun así los estudios no confían en usted?
No, no confían. Quieren sentir que participan en las filmaciones y estar seguros de que sus inversiones son seguras. No les agrada sentir que le entregan dinero a una persona a la cual no le importa lo que piensan o quieren. ¡Quieren ser parte del proceso, y yo no quiero que lo sean!
-"Melinda..." costó unos 12 millones de dólares. ¿Recuperó la inversión?
Esta película recuperará lo invertido, sí. Pero... [tose, incómodo] siempre es un problema. En algunas películas previas, no se recuperó la inversión. Pero ésta lo hará, porque la lanzamos primero en Europa y tuvo una exposición muy fuerte allá. Cuando se lanzó en Estados Unidos ya había reembolsado once millones de dólares. Entonces, no hay ya tanta presión.
-En el caso de "Melinda y Melinda" ¿hay algo en particular que le agrade?
Lo más agradable e interesante fue filmar la mitad dramática. Resultó más divertido, porque he grabado miles de escenas cómicas, pero muy pocas serias. Pero el desafío fue más para la protagonista, Radha Mitchell, porque grabábamos primero una escena cómica, donde ella era graciosa y chispeante, y casi de inmediato filmábamos otra escena en el mismo lugar, pero de la mitad dramática, para achicar los gastos. Y ella tenía que pasar de ser encantadora a las 9 de la mañana a ser un desastre a las 10.30 y otra vez a ser chispeante al mediodía.
-¿Aún siente que en Estados Unidos no entienden sus películas?
Nunca he tenido un gran público aquí, ni siquiera cuando ganamos el premio de la Academia a la mejor película [con "Annie Hall"]. Ha sido una constante en mi vida. Cuando era comediante en los cabarets, los críticos me amaban, pero muy poca gente venía a verme. Me promocionaban en Las Vegas y nadie venía a mi espectáculo. Hice televisión y lo mismo: muy bajo rating. Y mis películas tienen siempre audiencias muy pequeñas, aun más bajas ahora.
-¿Por qué?
Quizás a través de los años he hecho demasiadas películas y [sonríe] algunos de mis fans han muerto, lo que es predecible después de tantos años en este negocio. Además, la gente no va tanto al cine y prefiere alquilar películas, y los cines ofrecen menos variedad. Las películas estadounidenses son poco interesantes y los chicos ven cosas estúpidas, que no promueven una fermentación intelectual.
-¿Iría a la Argentina para impulsar un emprendimiento cultural o cinematográfico?
Lo único que me ha prevenido de ir a la Argentina ha sido la extensión del viaje en avión. A mi esposa le encantaría ir, y a mí también. He tenido ofertas para tocar jazz con mi banda allí y en Brasil. Pero me intimida el viaje. No me gusta viajar a Europa, así que imagínese... No soy un gran viajero, pero mi esposa es la que me impulsa.
-¡Así que los argentinos deberían tentar primero a su esposa, para ver si así lo lleva a usted por la fuerza!
[Se ríe] ¡Ciertamente ésa sería una forma de presionarme! Ella insiste mucho en ir a algunos lugares: la Argentina, Brasil y Asia, de donde ella proviene, ¡aunque viajar a Asia me asusta aún más!
-¿Cuál es la primera imagen o idea que le vino a la cabeza cuando mencioné a la Argentina?
Borges [lo pronuncia perfecto]. George Louis Borges. He leído muchas de sus obras e integro varios comités y fundaciones que promueven su obra y honran su memoria. Soy un gran admirador suyo. Pienso también en Alfredo Zitarrosa, aunque era uruguayo. Tengo varios de sus discos. Y, por supuesto, pienso en los clichés que tenemos los estadounidenses: las pampas, los gauchos, los mejores bifes del mundo. También pienso en Buenos Aires como una de las ciudades más sofisticadas, otra París, con un muy alto nivel de arte y cultura.
-En "Bananas" parodió la realidad violenta y pintoresca de América latina. ¿Por qué y cómo la creó?
Hace 35 años, lo que leíamos siempre en los periódicos era la inestabilidad recurrente de las que solían llamarse las "repúblicas bananeras" en América Central y, en menor medida, en América del Sur. Entonces un amigo y yo comenzamos a escribir un guión pensando que sería una atmósfera muy adecuada para una película cómica.
-En esa película, un sargento les aclara a sus soldados que pelearán para ambos bandos: "Esta vez, la CIA no quiere perder", les recuerda. ¿Cualquier similitud con la realidad actual es pura coincidencia?
Correcto [sonríe]. Lo notable es que en aquel tiempo la vida cotidiana en la región era más rica que la ficción: había tanta violencia, tantos asesinatos, que sentimos que podíamos relatarla como una transmisión deportiva y colocamos a un par de supuestos periodistas del canal ABC News. Ahora, con la CNN, ese tipo de desastres son más realistas desde el punto de vista de la televisión, pero no resulta nada gracioso.
-Usted pasó de películas cómicas a producciones más profundas o dramáticas. ¿Refleja la evolución de su visión sobre la vida?
Como artista, me siento más cómodo en la comedia, que me surge más naturalmente, pero como ser humano pienso que la vida es una experiencia muy triste y trágica. Por supuesto que tiene aspectos o momentos cómicos, pero la vida es tragedia.
-¿Cómo avizora la muerte?
Como la tragedia última, máxima. No hay nada después de eso. Es la cesación de toda esperanza.
-¿No hay atisbo alguno de religiosidad en su vida privada?
No. No soy religioso en absoluto. ¿Sabe? En "Melinda y Melinda" hay una mitad cómica y otra trágica, pero en realidad sólo se trata de una tragedia. Una mitad muestra una tragedia absoluta, y la otra, una tragedia con algunos puntos risibles en su desarrollo. Pero no existe una opción en la vida: es tragedia, en su comienzo, en su transcurso y en su final.
-Reafirma la visión del personaje de Alvie Singer, que usted encarnó en "Annie Hall", cuando decía que los humanos nos dividimos entre los miserables y los horribles?
Sí, sin duda es cierto. La vida puede ser horrible, realmente horrible. Y si tienes suerte, tienes éxito, tienes hijos, un buen trabajo, salud, una mujer que te quiere y todo lo demás, aun así al final envejecerás y morirás. Tus hijos y tu esposa también morirán con los años, y no importa qué hagas desaparecerá todo rastro tuyo. Así que la vida es miserable y puede tornarse terrible.
-¿Entonces cómo lidia con la idea de envejecer? Usted cumplirá 70 años en diciembre próximo.
¡Gracias por recordármelo! [Ríe.] ¡Odio ponerme viejo! El envejecimiento no viene con cualidades redentoras que compensen los problemas: no te pones más sabio ni más tranquilo ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura? ¡Nada de eso! ¡Es un pésimo acuerdo, si es que alguien lo pensó de ese modo!
-Bueno, pero usted está en perfecto estado físico y parece saludable...
Sí, bueno, gracias... [vuelve a sonreír con picardía.] ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa! Pero no soy hipocondríaco, ¿eh? [Carcajadas.]
-¿Qué es lo que más lo asusta de envejecer?
El deterioro y la muerte. Hacemos todo lo posible por negar u ocultar que nos van a pasar. En mi caso, me encanta trabajar y me resulta terapéutico, como cuando a un viejito lo ponen a tejer cestos. Trabajo porque me ayuda. Si luego la gente va a ver lo que hago, me hace más feliz, pero si no van, ¡me importa nada mientras pueda seguir haciendo películas!
-¿Acaso intenta alcanzar la inmortalidad a través de sus obras?
¡No! [tajante.] No existe la inmortalidad. El arte es apenas una catálisis intelectual del artista, que a veces cree que existe la vida después de la muerte y que sus obras le permitirán alcanzar la inmortalidad. Pero no, olvídese, no existe eso. No sé cómo les caerá a los católicos de su país, pero no hay nada después de la muerte.
-Volví a ver "Bananas", que hizo en 1971. Y usted está allí joven, hilarante y sagaz. ¿Acaso eso no es una forma de inmortalidad?
¡No! Eso no significa nada. Podemos ir juntos a la tumba de Shakespeare y depositar flores sobre ella y hablar de cuán buen escritor era y seguir así por un largo rato. Pero para Shakespeare es lo mismo que estemos allí o que no. ¡El está muerto! Es obvio que implica una gran decepción no aceptar la idea de posteridad, de inmortalidad o de legados, pero en última instancia todo eso no significa nada.
-Se ha dicho que usted, junto a Ingmar Bergman y Akira Kurosawa, formó la trilogía que intentó "hacer literatura" con sus películas...
[Interrumpe.] Para mí, Bergman y Kurosawa son tremendos genios del cine y no siento que alguien pueda ponerme en la misma conversación con ellos. No puedo ser miembro de ese club. Puedo aspirar a ser miembro, pero nunca lo seré, porque carezco de la genialidad que ellos sí tenían.
-¿Son ellos dos los creadores que usted más admira?
Bergman es el que más admiro. Tengo una gran reverencia por Kurosawa y por Fellini, pero Bergman es el que más admiro, por razones particulares. No simplemente porque haya sido el más grande director, por encima del resto, sino porque los temas sobre los que hizo sus películas tienen un significado especial para mí. Otros podrán sentirse más conectados con Fellini o Kurosawa, pero en mi caso siento que Bergman me habla a mí, personalmente, en sus películas. Es mi favorito.
-¿Acaso le atrae en Bergman su planteo sobre el silencio de Dios?
[Asiente con la cabeza.] Bergman me interesa porque sus temas centrales eran los terrores existenciales, el silencio de Dios y las dinámicas religiosas y, en un nivel más personal, su visión sobre las dificultades que tienen hombres y mujeres para comunicarse. Kurosawa me atrae menos por los temas que aborda, pero sí por el modo espectacular en que lo hace, mientras que Fellini me atrae por los temas que aborda, pero en menor medida que Bergman.
-Muchas mujeres consideran que usted conoce muy bien cómo piensan. ¿Siente que es así?
Me siento más atraído por las mujeres. Las encuentro más grandes que los hombres. Desde el comienzo mismo de la vida, ves a los chicos que se pelean, mientras que las niñas son muy dulces. Las mujeres son más civilizadas, gentiles, interesantes y divertidas porque son más complicadas y más emocionales, mientras que los hombres intentan mostrarse fuertes y ocultar sus emociones.
-¿Cómo definiría a la mujer?
Como el género superior. Aun si incluyo a mi madre y a mis ex esposas [sonríe], porque he tenido muy buenas relaciones con ellas. Mi primera esposa era brillante y me ayudó mucho. Sigo siendo muy amigo de mi segunda esposa [por Diane Keaton], y mi tercera esposa... bueno, sigo casado con ella. Todas ellas, más mis amigas y tías, han hecho grandes contribuciones a mi vida.
-¿Cómo se llevaba con sus padres, ya que bromeó sobre ellos miles de veces? Recuerdo "Días de radio" y "Annie Hall", entre otras películas?
Mis padres jamás entendieron mis bromas. Nunca. Pero, a la vez, estaban muy contentos con mi éxito. Y aun así habrían sido más felices si hubiera sido médico o farmacéutico o abogado, porque eso es lo que entendían, a diferencia del negocio del espectáculo, de los cabarets, de las películas, aunque también se emocionaban mucho cuando aparecía en el periódico alguna crítica de mis películas.
-Pero ¿qué le decía su madre cuando usted decía, por ejemplo, que el primer regalo que le hicieron de bebe fue poner en su cuna un osito... vivo?
¡Ja! Bueno, siempre hay que exagerar un poco la verdad? Uno hace cada broma? Como principio, los chistes, como el drama, se basan en los conflictos. Pero la verdad es que mis padres eran muy buenos conmigo. Mi madre fue muy estricta, pero muy generosa al cuidarme... y al sacar el osito vivo de mi cuna.
-¿Qué le disgusta de usted? ¿Su hipocondría, sus obsesiones? ¿Se prepara el mismo desayuno, del mismo modo, desde hace 50 años?
Bueno, tengo algunos pésimos hábitos. Soy perezoso, cobarde, impaciente, corto de mente? Pero también admito que no le deseo mal a nadie, que trato de ayudar y que tengo una actitud de vivir y dejar vivir.
-Los roles que asume suelen ser de indecisos, cobardes, perdedores. ¿Le gustaría, alguna vez, actuar de ganador y conquistar a la mujer más bonita?
No, realmente. ¡No creo que pueda convencer a los espectadores con semejante personaje! Represento mejor personajes con otras condiciones que me son más naturales: incompetentes, cobardes, inestables... Usted sabe, ese tipo de cosillas.
-Ultima pregunta: ¿se animaría a ser analizado por un lacaniano?
¿Usted dice en sesiones cortas? Reconozco que, como decía Bruno Bettelheim [psiquiatra sobreviviente de los campos de Dachau y Buchenwald], a veces se puede mejorar casi de inmediato, como ocurría en los campos de concentración, cuando un neurótico o un fóbico cambiaban en un segundo, y no siempre para mal, con una pistola en su rostro. Dicho esto, le respondo: no, no me animaría con un lacaniano, porque anticiparme a que, en cuanto entre en el consultorio, un tipo me diga: "Vaya directo al punto"... ¡Ah, no! ¡Me haría entrar en pánico! ¡Sería dramático para mí!
Por Hugo Alconada Mon.
Corresponsal en los EE.UU.
Fuente: Diario "La Nación"
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