jueves, 1 de mayo de 2008

Entrevista a Woody Allen: Scoop

Scoop es el Woody Allen de este año. Viendo el trailer a uno le vienen a la cabeza de inmediato Misterioso Asesinato en Manhatan por lo de alocada comedia de suspense con pareje protagonista, y La maldición del escorpión de jade, por el arranque con un mago como motor de la acción. Woody lo tiene dificil tras el gran éxito de Match Point, y parece que para su siguiente reto no ha optado por mantener el tono más pausado de su anterior produción, volviéndose a la comedia americana más clásica con unos tipos a lo Cary Grant y Katherine Hepburn. Sin embargo existen elementos comunes con Match Point: Londres, el misterio y Scarlett, que creemos hará una auténtica pareja “de cine” con Hugh Jackman.

Os traemos una entrevista con Woody Allen para ir abriendo boca. Espero que os guste.

woody allenP: Usted ha comentado en otras entrevistas que a menudo suele tener entre manos varios proyectos cinematográficos a la vez. ¿Por qué decidió de entre todos escoger Scoop?

WA: Verá, mi última película, Match Point, la hice con Scarlett Johansson, y habíamos hablado de hacer otra película juntos. Scoop era una idea que se adaptaba bien a los dos y por eso opté por ella.

P: ¿Cuál fue el punto de partida creativo de la historia a la hora de escribir el guión, la trama de misterio, la historia de amor o la idea para el personaje de Scarlett; la tenacidad de la joven periodista?

WA: No, la idea original era cómo el empeño y la tenacidad de un periodista le llevan a conseguir una exclusiva desde el Más Allá (una historia jugosa de la que se entera después de muerto) y cómo nada ni nadie puede impedirle conseguirla. Era un homenaje al buen periodismo de investigación.

P: No como el periodismo que se hace en Fleet Street* en los últimos años.

*N.T. Calle londinense en la que solían tener su sede muchos periódicos británicos
WA: Digamos que no como el periodismo de peor calidad.

P: Y de ahí, la idea evolucionó para abarcar el personaje de la joven estudiante de periodismo interpretada por Scarlett…

WA: Sí. En un principio, pensé en una reportera porque la idea se me ocurrió antes de conocer a Scarlett. Pero cuando estaba escribiendo el guión y ya sabía que Scarlett iba a interpretar al personaje, me pareció natural que fuera una universitaria de la facultad de periodismo en sus vacaciones de verano.

P: Scoop es la segunda película que rueda en Londres y hay una tercera en camino. Al contrario de lo que sucede con el personaje que interpreta en Scoop, ¿usted sí se ha enamorado de esta ciudad?

WA: Es un lugar estupendo para filmar. A mí me gusta mucho rodar en Nueva York pero Londres se acomoda a mis gustos. El tiempo es muy bueno y las condiciones para rodar (las condiciones económicas, artísticas etc) son buenas. En fin, que es un placer rodar aquí.

P: ¿Tiene ahora algún exterior favorito en Londres, algún equivalente, digamos, a los Estudios Kaufman Astoria o Greenwich Village?

WA: Verá, como no conozco la ciudad tan bien todavía disfruto mucho con todo lo que veo en la ciudad. Me gusta deambular por las calles de Londres, me parece que tienen un encanto especial. Además es muy fácil encontrar buenos exteriores cuando se combina la belleza de la ciudad con la belleza del tiempo que hay aquí todos los días; estos maravillosos cielos sombríos, grises, de luz tenue. Son muy seductores en pantalla.

P: Parece que en Scoop todavía sigue explorando algunas partes de Londres que ya salían en Match Point.

WA: Exacto. Como no conozco la ciudad tan bien, pues tiendo a acercarme a los sitios que me son familiares o que el director artístico me presenta y son pintorescos. Como urbanita que soy, es normal que me quede maravillado (creo que todo el mundo lo estaría) con la enorme cantidad de parques y plazas que hay en Londres, y sus preciosas casas blancas y sus hermosísima campiña. La campiña inglesa es famosa por sus casas de campo y sus fincas y me gusta rodar en esos lugares.
scoop
P: En Scoop ha vuelto a formar equipo con Remi Adefarasin, el director de fotografía de Match Point.

WA: No conocía a Remi de nada antes de hacer Match Point , pero le precedía su fama; me dijeron que me encantaría trabajar con él, y es fantástico. Tuve una entrevista con él y me pareció un tío muy afable y me encantó trabajar con él, así que, le pedí que volviera a trabajar en mi siguiente película. Me alegró muchísimo saber que estaba disponible para mi segunda película en Londres. Es un camarógrafo con mucho talento.

Para la tercera que haré en Londres, este verano, no está disponible. Está realizando otra película para la que ya se había comprometido anteriormente (la secuela de Elizabeth, The Golden Age). Así que trabajaré con Vilmos Zsigmond, con quien ya rodé antes Melinda y Melinda.

P: Al escribir e interpretar el personaje de Sid Waterman, alias Splendini, ha vuelto a escribir e interpretar escenas relacionadas con la magia y los magos. ¿Por qué tanto interés? ¿Es algo que le viene de la infancia o no?

WA: Sí. Siempre ha sido una pequeña afición mía. La tenía cuando era pequeño y ahora que soy mayor me sigue interesando. Todos esos cajones japoneses de barniz rojo de mala calidad, los pañuelos de seda, las espadas, las cartas y los aros de plata y toda la parafernalia que le da ese aspecto exótico es algo que siempre me ha fascinado y divertido.

P: Y también la vestimenta del mago ¿no?

WA: La vestimenta del mago, sí. (ríe) En mi caso, bueno, siempre me tomo una pequeña licencia ahí.

P: Siguiendo con el personaje que interpreta en Scoop, ¿podría comentar un poquito su evolución dentro de la historia? Me recuerda a uno de esos personajes de sus películas que se ven arrastrados de pronto por un aluvión de acontecimientos que les llevan, digamos, a descubrir una tierra ignota en sus vidas.

WA: En las películas de suspense o en este caso, en una comedia de suspense, siempre hay un truco estándar que consiste en que un personaje inocente, por una razón u otra, se vea envuelto en una historia que ni le va ni le viene y en la que no quiere inmiscuirse para nada. Pero siempre existe una razón para que acaben involucrándose. En Scoop, Sondra convence a Sid porque es una estudiante simpática, carismática y muy atractiva. Empieza a implicarse en la historia y acaba metiéndose hasta las orejas.

P: En las últimas escenas, parece que se ve obligado a seguir por la chica.

WA: Sí, ella le gusta; no como novia sino como persona. Pero su sentido común le dice que no se implique, ya que lo único que puede sacar son problemas. Pero es paisana suya y del mismo barrio, alguien con quien puede identificarse y sentir empatía. Y cada vez se mete más y más. El entusiasmo de la chica no tiene límites porque es incansable y porque empieza a enamorarse del sujeto de su investigación.

P: Últimamente, en sus películas, hemos visto protagonistas jóvenes. En Scoop, vuelve a estar presente el elemento joven y sobrenatural. El personaje de Ian McShane tiene un sentimiento paternal y de protección hacia el personaje de Scarlett…

WA: Mmm.

P: ¿Es esto una evolución consciente en la narración de sus películas?

WA: Bueno, no, lo que sucede es que durante años yo he protagonizado e interpretado el papel principal en mis películas. Y ahora, al hacerme mayor, ese papel principal –y desde luego los papeles románticos –tienen que dejarse para la gente joven. Y en eso me baso para escoger el elenco de actores.

P: En cuanto a las estrellas masculinas, ¿ha sido Cary Grant tal vez una inspiración para el personaje de Hugh Jackman y su caracterización? ¿Tal vez Sospecha, en concreto?

WA: No, creo que Hugh es así; es un tío atildado, encantador, simpático que sabe bailar y moverse con gracia, es apuesto y sabe cantar, así que las comparaciones van a ser inevitables. Siempre van a existir; igual que hubo una época en que también se comparaba a Hugh Grant con Cary Grant, porque también es un tipo muy desenvuelto y encantador, como Hugh Jackman, y las comparaciones van a ser inevitables.

P: ¿Le había visto en el musical The Boy from Oz ?

WA: Oh no, no, no lo había visto. No conocía a Hugh Jackman ni había visto ninguna de sus películas y ni siquiera sabía cómo era físicamente antes de conocerlo en persona. Es una de esas personas con las que nunca he coincidido por una razón u otra. Solo había oído decir cosas muy buenas de él y lo buen actor que era.

Le llamamos y le preguntamos si estaría interesado en hacer algo y dijo “claro”. Se acercó a verme y cuando entró me pareció que no solo tenía muy buena planta –es muy atractivo –también es encantador y es muy elegante. Le ofrecí el papel inmediatamente. Tuve mucha suerte de que estuviera libre y que lo quisiera aceptar.

P: En lo que se refiere al palmarés de los actores, ¿qué le pareció trabajar con Ian McShane? Ya hacía películas en Londres allá por los locos años sesenta, cuando usted hizo un par de filmes. ¿Le conocía de entonces?

WA: No, no. Tampoco sabía nada de Ian McShane. Nunca había visto su serie de televisión (Deadwood) ni nada. Juliet Taylor, que elige el reparto conmigo, me dijo “Conozco a la persona perfecta para este papel: Ian McShane.” Y yo dije, “Dile que venga” Vino y fue una de esas situaciones en las que Juliet me mete siempre, en las que resulta que me manda a un actor o a una actriz del cual no sé nada de nada y en cuanto Ian entró por la puerta pensé sin dudarlo un instante “es perfecto” Y no busqué más.

P: Como ya hemos comentado, usted conocía a Scarlett Johansson bien porque acaba de hacer su anterior película con ella. En Match Point nos mostró un lado dramático de la actriz que no habíamos visto nunca. Y ahora en Scoop su lado cómico. ¿Qué tal se la dirige? Y en Scoop, ¿cómo es actuar junto a ella?

WA: Es una delicia. Es como si te tocara la lotería o algo parecido. Simplemente lo tiene todo. La vida ha sido generosa con ella: Es hermosa, sexy, muy lista, divertida, maja, ocurrente y buena compañera de trabajo. Tiene amplitud; garra dramática y humor, cuando se requiere que sea divertida.

Ciertas personas con las que he trabajado a lo largo de los años y Diane Keaton ha sido una de ellas, parece que han sido tocados con una varita mágica y todo lo que hacen es artístico. Y a Scarlett le pasa lo mismo. Ilumina el estudio cuando entra; el equipo de rodaje la adora. Está llena de energía y le infunde a todo el equipo ese sentimiento positivo.

Es un lujo trabajar con ella y no lo digo solo porque sea su co protagonista. Todo el mundo de la compañía estaba deseando trabajar con ella en la segunda película después de la experiencia de la primera.

P: En las escenas que tiene con usted en Scoop, ¿logró estar a su altura?

WA: Oh, no le llegaba ni a la suela del zapato. (ríe) Mire, es una de esas personas que siempre, ya sea entre bastidores o no, me superan. Por muy buena que sea la frase que se me haya ocurrido, cuando nos ponemos a competir, y nos picamos y eso, siempre acaba diciendo algo mejor. Por supuesto, eso para mí merece un gran respeto porque me considero una persona ocurrente e ingeniosa y cuando alguien me puede consistentemente me parece asombroso. Y lo digo de verdad, pregunte a cualquiera del rodaje.

P: Usted conoce bien la cantera de actores de Nueva York y su evolución. Pero en el Reino Unido, hay una enorme cantidad de talento y en Scoop hay gente en pequeños papeles como John Standing, Julian Glover, Fenella Woolgar…

WA: Sí. Inglaterra tiene una tradición teatral fabulosa de verdad. Los actores son maravillosos. Una cosa muy curiosa es que la gente con más talento, los mejores actores, no tienen reparos en aceptar pequeños papeles. El asunto del ego no les afecta ni la talla de los papeles. Y es posible ver a un gran actor shakesperiano en televisión haciendo un anuncio. Allí no es una vergüenza hacer eso. Así que tengo gente fantástica que tal vez si estuvieran en este país no se dignarían a aceptar un pequeño papel o un papel de un o dos días. Allí, lo hacen con gran placer y entusiasmo, y les encanta.
Todo el mundo está dispuesto a arrimar el hombro, de manera que, al final, tienes a grandes actores en todo el espectro de la película. A mí me beneficia eso.

P: En cuanto al género de comedia de suspense, ¿le ha servido de inspiración algún trabajo mientras escribía el guión o mientras estuvo en Londres? Scoop es una historia más desenfadada que Match Point, pero sigue habiendo maldad y misterio…

WA: Bueno, tuve en mente esos relatos de asesinato y misterio que tanto me gustaban de pequeño, ya fueran cómicos o, en la mayoría de los casos, serios. Una de mis películas favoritas es Misterioso Asesinato en Manhattan…

P: Sí.

WA: …y me gusta esa clase de cine. Cuando era niño me gustaba La Cena de los Acusados y sus secuelas y, sin duda, las películas de asesinatos y misterio de Bob Hope que veía cuando todavía era aún más joven y, por supuesto, las películas de suspense de Hitchcock y muchísimas otras, muy buenas, que se han hecho en el pasado.

El problema es que cuando se hace una película cómica de suspense no es posible lograr un efecto tan dramático como cuando se hace seriamente. Pero no se puede hacer nada con eso. Scoop era una película cómica y quería que fuera desenfadada (hasta facilona) en algunos puntos. Es un tipo de película que a mí me gusta ver y hacer. Luego, que al público le guste, eso ya…

P: Antes he mencionado Sospecha, en parte por lo del vaso de leche que Sondra le trae a Peter en una escena y, luego, un poco más tarde, también se me pasa por la cabeza, Diabólicas.

WA: Tiene razón. Es verdad que siempre te pueden recordar (aunque no quiero hacer comparaciones porque me parece un poco pretencioso…) pero, es cierto que estas películas siempre recuerdan a Hitchcock, porque hizo tantas películas de suspense y empleó tantos trucos que es imposible hacer algo de suspense sin que de alguna manera recuerde a Hitchcock. No me refiero a su gran calidad sino a cosas estructurales. Pero la mía tiene ese toque ligero, ese énfasis en lo desenfadado.

P: Como sucede con Misterioso Asesinato en Manhattan, en Scoop también hay dos personas que deambulan por la ciudad tratando de encontrarle sentido a algo.

WA: Sí y muchas escenas con diálogos muy rápidos. En Scoop, quería hacer lo mismo. Verá, yo no tengo una gran amplitud como actor, al contrario de Scarlett, mis recursos son limitados. Puedo interpretar a un intelectual (a un profesor de universidad o a un siquiatra) o puedo interpretar a un delincuente (a un corredor de apuestas cutre) En Scoop, soy un mago barato de vodevil.

P: Ha dicho que espera que al público le guste la película, pero al ritmo tan vertiginoso con el que las produce ¿no le preocupa la respuesta del público a sus películas?

WA: Bueno, no puedes perder el sueño por cosas así. Porque, entonces, lo que sucede es que te paralizas y lo que intentas hacer es anticipar sus gustos; y das un paso y te entra el pánico y estás todo el tiempo: “No, esto no”. Así que, lo mejor es hacer lo que uno quiere hacer y luego esperar que guste.

Esa ha sido siempre mi forma de trabajar. Siempre he hecho lo que he querido, ya fuera un musical o una película en blanco y negro o un drama a lo Bergman. Si algo me resulta interesante en un momento determinado, lo hago. Y espero que al público le guste. Si no es así, no se puede hacer nada. Paso a la siguiente. Que gusta, pues siempre es halagüeño.

Lo que sí que no quiero hacer es…te tiene que gustar la película, pero si haces algo y al final no te gusta a ti…escribo el guión y luego la dirijo y si no me gusta cuando la he terminado, aunque al público le guste, pienso “bueno, les he dado gato por liebre” o “no se enteran” o “menuda porquería he hecho” No es una sensación buena.

Pero si haces una película que te gusta y de la que piensas: “es realmente un buen trabajo; le he sacado todo el jugo al guión y lo he llevado a la pantalla estupendamente”, si gusta, genial. Y si no gusta, pues, a pesar de todo, te quedas con buen sabor de boca. Piensas: “Vaya, mala suerte, no les ha gustado. Pero he dado todo de mí y es una pena que no les guste” Ese sentimiento es mucho mejor que el de que guste y tú no te quedes contento.

Vía http://www.cinemaspop.net/

martes, 1 de abril de 2008

Entrevista a Woody Allen: Melinda & Melinda

Entrevistar a Woody Allen es un honor, que tuve ocasión de vivir con ocasión del pasado Festival de San Sebastián, donde el director neoyorquino recibió el Premio Donostia. Hacer una película todos los años, y mantener un excelente nivel, no es tarea sencilla, pero él la aborda con ejemplar puntualidad. Quizá Melinda y Melinda no sea su mejor film, pero como es habitual, su punto de partida ya es toda una sorpresa.

Woody-Allen

La película juega con la idea de comedia y drama. En algunos pasajes he dudado si era comedia o drama. ¿Ha querido jugar a la confusión, es decir, que al final el espectador crea que es todo muy parecido?

Pienso que son mundos tan cercanos que lo mismo se puede ver como una tragedia o como una comedia. Depende del punto de vista con el que se mire, o de la situación en la vida de cada uno. El mismo acontecimiento puede verse de dos maneras diferentes.

En varias entrevistas usted ha declarado tener un sentimiento trágico y pesimista de la vida. A algunos espectadores nos resulta imposible creer que esto es así, con su sentido del humor.

Hay momentos en los que me he sentido bien, porque han sido agradables y felices. Algunos ha habido. Pero en general sí que soy muy pesimista cuando pienso en la vida. Espero que mis películas hayan reflejado muchas cosas diferentes, pero pienso que la idea que reina en todas ellas es bastante oscura. Cuando leo el periódico todas las mañanas y veo lo que ocurre, no puedo evitar sentirme pesimista.

Usted es uno de los más reputados directores, actores y guionistas del cine actual. ¿Pensó de pequeño alguna vez que podía llegar tan lejos?

No. Me echaron del colegio y tuve suerte, porque escribía chistes. Gracias a eso pude sobrevivir, pero nunca imaginé que podría llegar a esto, que aquello que escribía entonces podría llevarme al éxito. Siempre he dicho que era una persona con mucha suerte. El resto de amigos del colegio se iban convirtiendo en médicos, abogados, o economistas. Yo francamente no sé qué hubiera podido hacer si no me hubiera dedicado a esto.

¿Escribir guiones a partir de una idea es parecido a vivir la vida?

Al escribir todo tiene su lógica. Hay cosas que salen bien y otras que salen mal. Al final, lo único que te puede pasar es que ruedes una mala película. Pero cuando en la vida real reflexionamos sobre algo, y uno se deja llevar por su instinto, las consecuencias pueden ser mucho peores que simplemente una mala película.

¿Qué supone para usted el premio Donostia que recibió en el festival de San Sebastián? ¿Qué piensa de que las comedias apenas reciban premios?

Venir a recibir el premio Donostia ha sido una manera de agradecer al público español su fidelidad y su apoyo durante todos estos años. Para mí es una gran oportunidad estar aquí y poder agradecérselo de esta manera. Las comedias lo tienen más difícil para conseguir premios, porque los trabajos serios siempre calan más hondo dentro de nosotros. El mundo es trágico por naturaleza, y las tragedias nos llegan de una manera más profunda. Se suele decir que la comedia es un trabajo intelectual difícil de hacer, pero al final se ve que realmente las comedias apenas reciben premios. Ahí subyace la idea de que la tragedia es más importante. La comedia se relaciona siempre con destrucción y el drama con la confrontación con la realidad.

Siempre se ha dicho que sus películas tienen siempre un carácter autobiográfico. ¿Cree que cada una de ellas representa su estado de ánimo en ese momento? ¿Alguna se basa en una anécdota importante de su propia vida?

Se ha convertido en un tópico, pero estoy de acuerdo en que mis películas reflejan mis observaciones, mis sentimientos y anécdotas específicas que me han ocurrido en momentos determinados. La gente suele aceptarlas como autobiográficas, y no siempre han sucedido las cosas tal cual, pero sí que reflejan mi filosofía y mi forma de pensar.

Hubo una época en que siempre trabajaba con Mia Farrow y Diane Keaton, pero ahora cambia de actores en cada película. ¿Siente la necesidad de probar intérpretes nuevos? ¿Conocía a Radha Mitchell antes de darle el papel protagonista?

En el caso de Mia Farrow y Diane Keaton lo único que puedo decir es que nos compenetrábamos muy bien y pasábamos el tiempo juntos. Vivía con ellas y pasaba todo el día con ellas, y creo que fue una experiencia gratificante rodar con ellas. En cuanto a los demás, es cierto que tengo muchas preferencias en cuanto a los actores, a veces escribo pensando en alguno de ellos, y prefiero que sean los que terminen interpretando ese papel. En el caso de Radha Mitchell, la conocí en un corto de diez minutos que había rodado para la universidad. Y me gustó, me pareció una chica muy interesante, guapa y que sabía interpretar. Algunos de mis colaboradores eran reacios y me preguntaban por qué le había dado un papel tan importante, y si sería capaz de hacerlo. Pero yo creía que sí, porque pensaba que si podía actuar diez minutos también podía hacerlo durante dos horas.

¿Por qué en las películas en las que usted no actúa siempre elige a un actor para que haga un papel parecido a la imagen que tenemos de usted?

Me sustituyo por John Cusack o Will Ferrell. Sí que me gusta interpretar a los protagonistas, pero hay que ser realista y ver que ya no soy el más indicado para los papeles románticos. La gente quiere ver los problemas que tiene una persona joven y romántica, y yo ya no estoy para esos trotes.

¿Qué piensa de los resultados de las elecciones estadounidenses?

Pienso que como ciudadano es importante que participemos en la democracia, porque la democracia es el gobierno del pueblo, y si éste no participa, no tiene sentido. De momento hay que participar. Hay muchos votantes indecisos en Estados Unidos, lo cual es inexplicable. Si la Administración Bush fuera una empresa, y Bush el director, llegaría un momento en el que le despedirían, porque el trabajo que ha hecho no es el más adecuado. Creo que está muy claro que habría que haberle sustituido por otros que sean capaces de solucionar los problemas a los que se enfrenta EE.UU. actualmente.

¿Ha venido alguna vez a rodar a Europa? Parece ser que hay un proyecto para que usted ruede en Barcelona, ¿sería capaz de hacerlo? ¿Ha estado en una corrida de toros?

Sí que he estado alguna vez. El año pasado estuve rodando alguna secuencia en Londres y fue muy gratificante. Estaría encantado de venir y rodar en España. Las personas que tienen la idea de rodar una película necesitan encontrar financiación. En cuanto se consiga eso, si se consigue, estaría encantado de rodar en Barcelona, porque es la ciudad que me han propuesto inicialmente. Tendría que hacerse en una gran ciudad. Si me dijeran de ir a Madrid, Salamanca o alguna de las maravillosas ciudades españolas también estaría encantado. No he estado en una corrida de toros. La he visto televisada en México. Me gustó el ambiente que se respira.

El New York Times le pidió en una ocasión que comentara una película que usted decidiera, y se decantó por Raíces Profundas. ¿A qué se debió la elección? ¿Le gustaría rodar un western?

Me propusieron comentar una de mis películas favoritas. Elegí Raíces profundas porque me parece el mejor western jamás filmado. Como siempre estoy hablando de Bergman, de Kurosawa, de Fellini, de Buñuel, pensé que por elegir algo diferente no perdía nada. Así variaba un poco. Me parecería un proyecto interesante rodar un western. Pero tendría que rodarlo sin dejar la ciudad de Nueva York, porque estoy acostumbrado a trabajar allí. Si encuentro alguna forma de conseguir que eso se pudiera hacer, lo haría. Me he enterado de que Sean Penn ha hecho una película en la que viaja por todo el territorio estadounidense, por Chicago, Los Ángeles, etc. y que todo eso está rodado en Nueva York. Si yo pudiera hacer lo mismo sin salir de Nueva York, sería ideal para mí.


José María Aresté
01/05/2005

sábado, 1 de marzo de 2008

Biografía no oficial de Woody Allen

Una de las recopilaciones es una entrevista con Eric Lax hecha desde 1971, que es como la biografía no oficial de hace 16 años, de esa entrevista surge la idea de que Ciudadano Kane es el mejor filme de toda la historia, habla sobre los filósofos que más reconoce, sobre sus influencias y muchas otras cosas.

woody

En lo personal soy un fanático de este gran director, me muero de risa en sus filmes, en otros aprecio mucho su realismo, sus fantasías, sus obsesiones con la muerte y en algunos otros hasta te hace odiar y amar al ser humano, creo que genios como él hay pocos. Sin más, aquí esta la entrevista.

-¿Qué filósofos siente que le hablan cuando los lee?

-Los más interesantes pueden ser los filósofos alemanes, aunque es bastante interesante cuando se lee a Platón por primera vez. Desde un punto de vista artístico, es divertido. Lo mismo con Nietzsche. Es divertido. Encuentro a Hegel aburrido y uno avanza trabajosamente con él. Pero lo que te mata está muy profundo; los que tienen más sentido para mí resultaron ser los filósofos racionalistas y pragmáticos que básicamente son más grises, pero con los que es más difícil discutir. Al final, mucho de Bertrand Russell tiene más sentido y resuena mucho más profundamente conmigo, aunque él no es ni de cerca tan divertido o interesante como, digamos, Camus, Jean Paul Sartre o Nietzsche, que son más dramáticos y se preocupan más por asuntos de vida y muerte y hablan sobre esos temas de maneras muy escabrosas.

-¿Alguna vez se ríe de su propios chistes cuando los escribe?

-Sí, todo el tiempo. Y a menudo [se ríe] no coincide con aquello con lo que la gente se ríe. Escucho un chiste por primera vez cuando lo escribo o cuando lo digo. Estoy en una habitación y escribo el chiste o lo digo en voz en alta a medida que sale de mi inconsciente, así que lo escucho y me río como si lo contara un extraño.
* * *

-Mucho del trabajo de un escritor es arduo. Incluso mis hijos pequeños, que tienen cinco y seis años, dicen [simula una voz infantil] «Papi, se está metiendo adentro para pensar». Y yo digo: “Cuando tu vas al circo, ¿qué voy a hacer yo?”. [Otra vez con una voz infantil]: «Vas a pensar». Y ahí estoy yo, en la cama, de este modo [simula acostarse de lado y mira al infinito], y estoy allí pensando. Y me voy a almorzar y sigo pensando. Y luego vuelvo y sigo.

-¿Sin lápiz o papel?

-No, sin lápiz ni papel.

-¿Qué piensa Soon-Yi sobre esto? ¿Aprendió rápido a adaptarse?

-Ella simplemente piensa que es uno de los misterios de cómo trabajo, que mucho de mi esfuerzo va en pensar. Ella siempre se ha sorprendido porque piensa que soy un escritor veloz. Pero comete el mismo error que la mayoría de la gente. Piensan que la escritura es escribir. Como señaló Marshall Brickman, el pensar es la escritura [ ] La parte difícil es tener las ideas que funcionen y ordenarlas. [En cuanto a Soon-Yi, la hija adoptiva de su anterior pareja, Mia Farrow, Allen cuenta poco más: “Es irónico que mi matrimonio con ella, que ha sido visto por muchos como irracional, es para mí la única relación que ha funcionado en mi vida”].

-¿Quién tuvo la mayor influencia sobre usted?

-Adoré mucho a Bergman cuando comencé a hacer películas y aún pienso que es el mejor realizador que jamás he visto. Cuando piensas sobre mí en ese entonces, ¿qué era yo realmente? Un cómico de la noche, un escritor de gags de Broadway. No era un intelectual, no era una persona melancólica y sombría. Iba a los juegos de béisbol y a comer a Elaine s. Jamás había visto una cámara por dentro, no sabía lo que estaba haciendo, pero mi mayor influencia es Bergman. Es algo tan incongruente y tonto, la disparidad entre las personas que me influyeron: Bob Hope e Ingmar Bergman [se empieza a reír]. Así que por supuesto vas a tener un extraño híbrido de película que está llena de ocurrencias como las de George S. Kaufman o Bob Hope y una cierta dramática estilizada que caracteriza a los filmes suecos más pesados por parte de un cómico inculto de club nocturno abordando un asunto que es bastante serio y profundo. Así sale esa extraña mezcolanza [se ríe]. Pero para bien o para mal, para la gente, las películas eran sorprendentes y diferentes, yo no estaba haciendo una cosa convencional. Era, como cualquiera que comienza, un producto de mis influencias. Y mis influencias eran tan antitéticas.

* * *

-A medida que te vas poniendo viejo, aparece la palabra “legado”. Personalmente, no tengo interés alguno por un legado, porque soy un firme creyente de que cuando estás muerto, nombrar una calle en tu honor no ayuda a tu metabolismo. He visto lo que pasó con Rembrandt y Platón y toda esa linda gente. Simplemente están enterrados. Quizá deje un pequeño legado financiero para mis chicos, no la gran cosa, pero cuando esté muerto no me preocupa ni por un segundo si toman todas mis películas y negativos y simplemente las tiran por la alcantarilla. El gran Shakespeare no está mejor que un vago sin talento que escribió obras en la Inglaterra de Isabel y no logró que se las produjeran y cuando lo logró vos te marchaste del teatro. No es que crea que carezco totalmente de talento, pero no tengo el suficiente para lograr que mi sangre siga circulando cuando me llegue el rigor mortis . Así que el legado no me importa en absoluto. Lo expliqué mejor con un chiste: “Más que vivir en los corazones de mis hermanos, preferiría vivir en mi departamento”.

-¿Y qué pasa con la audiencia que disfrutará de su trabajo cuando usted se haya ido?

-Bien por ellos y si por alguna razón, alguna de mis películas da placer a la gente después de que me haya ido, fantástico; no me opongo a eso. Pero no podría importarme menos lo que pasará con mi obra cuando esté muerto. Cuando se es más joven piensas en términos de gloria, adulación, inmortalidad, pero cuando levantas la mirada y ves adónde te llevan tus senderos de gloria por eso me pregunto cuando hablan del legado de los presidentes. ¿De qué se preocupan tanto esos políticos sobre sus bibliotecas y sus audios, o sus rostros grabados en estampillas y monedas? Es difícil parecer presidencial cuando estás en una urna.

-Deme una evaluación de su carrera hasta ahora.

-Mi sensación objetiva es que no he alcanzado nada significativo en términos artísticos. No lo digo con pesar, sólo describo lo que siento. Siento que no he hecho una verdadera contribución al cine. Comparado a contemporáneos como Scorsese o Coppola o Spielberg, no he influido a nadie, no de manera significativa. Stanley Kubrick sería un ejemplo de primera. Yo no he tenido ningún tipo de influencia. Por eso me resulta tan extraño que me hayan prestado tanta atención a través de los años. Y no estoy siendo una persona exageradamente modesta. Cuando soy bueno, sé apreciarme. No estoy triste ni soy confesionalmente masoquista, pero soy lo suficientemente astuto para saber que maximicé mis limitados talentos, hice buen dinero comparado con mi padre y, más importante, hasta ahora he tenido buena salud.

Cuando era chico, solía irme al cine para escaparme, 12 o 14 películas por semana, a veces. Y como adulto, he sido capaz de vivir mi vida de una manera autoindulgente. Logro hacer las películas que quiero y así logro vivir en ese mundo irreal de mujeres bellas, hombres ingeniosos y situaciones dramáticas, y manipular la realidad. Sin mencionar la música maravillosa y los lugares a los que me ha llevado [carcajadas]. Oh, y a veces logré salir con algunas de las actrices. ¿Qué podría ser mejor? Me he escapado hacia una vida en el cine, del otro lado de la cámara, más que del lado de la audiencia [pausa]. Es irónico que haga películas escapistas, pero no es que la audiencia escape, soy yo.

Entrevista a Woody Allen: Poderosa Afrodita

¿Son las películas de Woody Allen una metáfora de las distintas etapas de su propia vida? ¿Se interpreta siempre a sí mismo? ¿Por qué le salen todas bien? Las sempiternas preguntas sobre el cine de este genio indiscutido vuelven a plantearse con el estreno de Mighty Aphrodite (Poderosa Afrodíta), una tragicomedia con nombre de la diosa griega del amor, con una profunda base existencial trasladada a Nueva York y tratada con la suficiente frescura como para que el director, escritor y actor pueda afirmar: "No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación".

Acallada la tormenta sobre la custodia de sus hijos con Mia Farrow (Allen la perdió y la volvió a reclamar sin éxito el pasado verano), el director estrena ahora una fábula sobre hijos adoptivos que hará las delicias de quienes gustan de comparar su cine con su realidad.Woody Allen no niega del todo que exista esta relación, y explica que la idea del guión surgió cuando observaba a una de sus propias hijas adoptivas. "Pensaba que debía haber tenido unos padres biológicos increíbles, porque genéticamente tenía sentido del humor e inteligencia", dice. "No pensaba llevar esto más allá, no iba a salir a buscarles, pero era una noción que me había pasado por la cabeza. Luego, un año después, pensé que podría haber una historia divertida si un tipo que fuera, por ejemplo, escritor de deportes tuviera un hijo adoptado y cuando su matrimonio empieza a descalabrarse se pone a tener fantasías sobre la madre del niño y comienza a investigarlo".

Ésta es la premisa de Mighty Aphrodite, cuyo desenlace no se desvelará aquí en honor al deseo de Woody Allen de que el público acuda a sus películas sabiendo lo menos posible sobre ellas. El director no sólo se niega a adelantar el contenido de sus trabajos sino que tampoco se ha prodigado mucho en promocionarlo. Sus entrevistas se han concedido siempre con cuentagotas, pero desde su reciente asociación con la distribuidora Miramax ha tenido que ceder a algunas imposiciones de la mercadotecnia masiva. "La historia de Mighty Aphrodite tenía una estructura seudogriega desde el principio", explicó anteayer el director a un reducido grupo de periodistas, entre los que estaba un representante de este diario, en la que es su ciudad de referencia eterna. "En todas las tragedias griegas, cuanto más se investiga sobre el pasado, es cada vez peor, se encuentran cosas más terribles".

Casualidad

Mighty Aphrodite tiene bastante más de comedia, pero eso es, según Allen, una pura casualidad: "Ahora me ha salido Mighty Aphrodite, pero me podía haber salido Muerte de un viajante y lo habría hecho igual"."Cuando termino una película", dice, "me meto en el dormitorio e intento pensar en otra. Aquello en lo que piense o que parezca factible después de unos días o semanas es lo que hago. Mi próxima película es un musical, porque me resulta la idea excitante en este momento y soy capaz de mantener la emoción el tiempo suficiente para terminar la película". Este parece ser el secreto de Allen Stewart Konigsberg, nacido en Brooklyn en 1935, para no haber dejado pasar un solo año desde mediados de los sesenta sin escribir, dirigir o protagonizar una película bien recibida por la crítica. Y hay que aceptarlo, porque lo dice con una extremada timidez envuelta en suavidad y con uno de los picos de la camisa saliéndole por el cuello de su discreto jersey de lana verde. Si el Woody Allen de las películas es el mismo de la vida real (él mismo reconoce que no puede hacer más que su propio personaje), entonces el Woody Allen de las entrevistas es inevitablemente el mismo de Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas y, ahora, Mighty Aphrodite.

Allen advierte que ha estado rodeado de "grandísimas malinterpretaciones a lo largo de los años, como que era un intelectual o un adicto al trabajo, cuando lo que me gusta es ir al baloncesto, al cine, a pasear, a no hacer nada. No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación. Ahora la mayor malinterpretación es que estoy acostándome con mi hija". Soon Yi, con quien Allen convive actualmente, era un miembro adoptivo de la ya extinta pareja (ni matrimonio ni bajo el mismo techo) que éste formaba con la actriz Mia Farrow. "Coino a la gente tampoco le importa demasiado mi vida", dijo, "creo que se quedarán con esa noción de que yo estuve casado con Mia y que ahora me acuesto con nuestra hija". El director declaró en la presentación de Mighty Aphrodite que no está arrepentido de haber adoptado hijos en el pasado y que desea volver a hacerlo próximamente.

Tormenta informativa

"De mí se han escrito cosas falsas, cosas exageradas, cosas incluso malintencionadas", dice Allen, "peto, sobre todo, cosas estúpidas que no sabes ni cómo empezar a analizar. Por ejemplo, últimamente se está diciendo que me he comprado un palazzo en Venecia. Estoy recibiendo llamadas de Sotheby's para recomendarme arquitectos e ingenieros y no sé qué decirles".De la tormenta informativa desatada tras su separación de Mia Farrow, Allen sólo puede añadir que "no tiene ningún valor o sustancia. Es como si te vas de vacaciones y no ves la tele o lees la prensa durante tres semanas y luego vuelves y te das cuenta de que no te has perdido nada. No hay ninguna relación entre los millones de temas y palabras que se publican y la realidad de la vida".

Aparte del baloncesto, Woody Allen remite sus pasiones eternas a ocupaciones como la de tocar el clarinete. "Creo que existe la pasión eterna, pero tienes que ser muy afortunado; no es algo que se consigue con esfuerzo, sino que tiene que ser el gran placer de tu vida. Igual que a mí me gusta el clarinete, a otros les gusta jugar al póquer una vez a la semana, otros van a casa a arreglar su barco... Si encuentras a una pareja con la que te pasa lo mismo, entonces es que has tenido un golpe de suerte. Este momento llega cuando haces las cosas no por complacer al otro o hacerle feliz, sino porque dos personas quieren hacer lo mismo".

viernes, 1 de febrero de 2008

Ewan McGregor habla sobre Woody Allen

Ewan McGregor le apasiona el riesgo. Fanático de las motos, ha jugado con osos polares en Canadá y ha explorado la selva de Honduras. Este aventurero nato inició su carrera como estrella de culto en ‘Trainspotting’ o ‘Velvet Goldmine’ y ascendió al star system hollywoodiense con ‘Moulin Rouge’ y la trilogía de ‘Star Wars’. Ahora interpreta al ambicioso hermano de Colin Farrell en ‘Cassandra’s Dream’, de Woody Allen, que se estrena el 26 de octubre tras presentarse en los festivales de Venecia y Toronto. ¿La trama? La historia de dos buenas personas cuyos sueños acaban en pesadilla: un drama con tintes cómicos al estilo de ‘Match Point’. Fuera de la pantalla, Ewan vive en Londres con la diseñadora francesa Eva Mavrakis y sus tres hijos: Clara (once años) y Esther y Jamiyan (de seis).

¿Cómo fue trabajar con Woody Allen?
Todos los actores sueñan con ser dirigidos por él. Por su talento y por su forma de trabajar. La mayor parte de las escenas se ruedan en un plano único, hay mucho diálogo y apenas se repiten tomas. ¡Es maravilloso! El rodaje es tan rápido que tienes que darlo todo desde el primer momento. Además, tienes tiempo libre: llegas a casa a las cuatro y media y… ¡puedes tener tu propia vida! ‘Cassandra’s Dream’ tuvo una buena acogida en Venecia.

¿Para ti es importante que tus películas tengan éxito?
No hay grandes o pequeñas películas. Soy actor, y cada una supone un nuevo reto, una nueva oportunidad de ponerme en la piel de un personaje. Actuar es fingir ser otro, eso es lo que me atrae.

Tienes varios filmes por estrenar, como ‘Incendiary’ (de Sharon Maguire) o ‘El turista’. ¿Por qué trabajas tanto?
Me encanta trabajar, y si tengo suerte al conseguir ofertas, ¿por qué no voy a aceptarlas? Ponerme frente a la cámara supone una enorme descarga de adrenalina.

Desde que te has convertido en una estrella, ¿sientes la necesidad de satisfacer determinadas expectativas?
No, nunca me ha preocupado lo que opinen de mí, dentro o fuera de la pantalla. No voy a dejar de beber, ni de fumar, ni de soltar tacos, ni de correr con mis motos, sencillamente porque eso no me convierta en un ejemplo a seguir. Los escoceses somos personas alegres y sensibles. ¡Creemos en la vida, no en el mero hecho de existir!

Has luchado duro para conservar una vida normal...
Perseguir la fama te convierte en un miserable infeliz. No me interesa, porque nunca eres lo bastante famoso. Algunos están dispuestos a pagar un alto precio por ella, pero yo no. No me gusta conocer gente que no sabe ni cómo soy, porque siento que tienen una idea preconcebida de mí. Me resulta incómodo: cuando eres conocido, olvídate de hablar a alguien de igual a igual. No te dejan aunque quieras.

No te gustan los tabloides.
Los censuro. Para mí, son pornografía, aunque los tengamos que soportar si trabajamos en esto. Me he gastado muchísimo dinero intentando proteger a mis hijos de los paparazzi. A mi mujer no le afecta tanto: mete a los niños en el coche y desaparece.

Eres padre de tres hijos: Clara, Esther y Jamiyan, al que adoptasteis en 2006. ¿Quieres tener más hijos?
Por lo menos, uno más, ¡me encanta vivir rodeado de niños!

¿Llevas a tu familia en tus desplazamientos?
Si puedo, sí. Cuando estás lejos de casa es horrible no estar a su lado. Te pasas el día pensando en ellos, sufriendo por si les pasara algo.

¿Cómo conociste a tu mujer?
En la serie de televisión ‘Kavanaugh, Q.C.’ La verdad es que fue amor a primera vista. Yo interpretaba a un violador, y mi mujer recuerda cómo ella estaba sentada en las escaleras mientras yo hacía ver que violaba a una actriz en el piso de abajo.

Lleváis casados doce años. ¿Qué recuerdas de tu boda?
La celebramos en una villa, en Francia. La ceremonia fue en francés, así que no entendí casi nada. Cuando dije ‘oui’, sesenta invitados se rieron: había contestado cuando no me tocaba.

¿Es difícil para ella ver tus escenas de amor en pantalla?
Forma parte del trabajo, y lo sabe. Puedes justificarlo en ese sentido, pero aunque lo racionalices, es duro para mi mujer y tienes que hablar de ello.

Antes ibas mucho de fiesta, pero la cosa va a menos.
Sí, con los años he crecido como persona. Antes pasaba la mitad del tiempo libre bebiendo, y la otra mitad, de resaca. No es un estilo de vida recomendable para nadie. Yo intentaba ser un gran padre, un gran esposo, un gran actor y un gran bebedor. Tenía que prescindir de algo, ¿no crees?

¿Algún director te dijo algo acerca del alcohol?
Ninguno me comentó: «Preferiría que no bebieras mientras trabajas.» Nunca. ¡Y seguro que lo pensaban, porque apestaba a alcohol! Beber y estar fuera de control reduce considerablemente tus opciones frente a la cámara. Al principio era un borracho feliz, pero luego me fui volviendo un poco miserable, porque el alcohol es depresivo.

¿Cuándo cambiaste de estilo de vida?
Cuando mi hija mayor enfermó de meningitis mientras yo estaba en Los Ángeles rodando. Un día piensas que eres guay, que la vida es de color de rosa, y otro, de repente, tienes que ir al hospital y ver a tu hija entubada. Ser padre es una gran responsabilidad.

Cuando empezabas como actor, comentaste: «¿Hacer una mierda como ‘Independence Day’ por un pastón? Nunca envenenaría mi alma con esa porquería.» Después rodaste ‘La Isla’…
Mi actitud ha cambiado mucho. Creía que la industria del cine británica era el paraíso y Hollywood, lo peor. Y me he dado cuenta de que son lo mismo.

¿Qué actores te han enseñado más?
Los actores que intentan enseñarte cómo hacerlo son aquellos de los que no quieres aprender. Algunos te dicen: «¡Ay, hijito, así, así se hace!» Y yo pienso: «Vete a la mierda, precisamente así es como yo no quiero hacerlo.» La gente a la que observas es de quien, al final, más aprendes.

Has dado la vuelta al mundo en moto...
Siempre me gustaron las motos, pero mis padres no me dejaron tener una. Compré la primera de adulto, y ahora tengo cinco. Me gusta lanzarme a la carretera, pero paso la mayor parte del tiempo con mi familia. Leo, toco la guitarra, miro DVDs...

¿Crees que eres guapo?
¡Nooo! ¡Por supuesto que no voy por ahí pensando que soy un rompecorazones!

Trailer de Manhattan, Woody Allen

Woody Allen opina: "La mujer es superior al hombre"

NUEVA YORK.– Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.

Pero es este mismo Woody Allen el que sigue creando gags desopilantes, el que escribe y filma al menos una película de calidad por año. La última, “Melinda y Melinda”, está por llegar a los cines argentinos. Y es el mismo Allen que concedió a LA NACION una entrevista de una hora y media en su cine privado, allí, en el Manhattan Film Center, que armó en la zona más exclusiva de esta ciudad, en el cruce de Park Avenue y la calle 63.

Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confeso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.

Cumplirá 70 años en diciembre y no le encuentra a eso un aspecto positivo, sino uno risible. “¡Odio ponerme viejo! No te pones más sabio, ni más tranquilo, ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura... ¡Nada de eso!", dice, y ríe. Y cuando replico que se lo ve muy bien, aparece el Woody que todos esperamos: "Bueno, gracias... (calla unos segundos) ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa!", retruca. "Pero no soy hipocondríaco, ¿eh?" Y ríe, cómplice, otra vez.

-La crítica coincide en que con "Melinda y Melinda" ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?

-Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho? [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. "¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!", pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: "¡Ustedes no se dan cuenta de la idea maravillosa que tenía y de cómo la arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!" Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.

-¿Me dirá, al menos, hasta qué punto lo satisfizo "Melinda y Melinda"?

-Representa la mitad de lo que imaginé.

-¿Pensó en filmarla otra vez?

-No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 o los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 o 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a "El aviador" [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Esa película tuvo un presupuesto enoooorme, y está claro que Martin no dilapidó el dinero, pero, a su vez, recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.

-Pero lo notable -y, para usted, lo halagador- es que, aun con sus bajos presupuestos, los actores quieren trabajar bajo sus órdenes?

[Sonríe con picardía, por primera vez.] -Bueno, sí, si los atrapo en el momento correcto. No van a trabajar en mis películas si algún otro les dice al mismo tiempo que les pagará diez millones de dólares, porque nosotros le damos el mínimo absoluto, mil dólares por día, cinco mil dólares por semana, cuando en otros films cobran fácilmente un millón de dólares por semana. Pero si cuando los llamo están en sus casas y les atrae el guión, entonces dicen que sí, que harán la película porque cobran dinero suficiente por las otras. Pero si les gusta el guión y después los llama Scorsese con una oferta de 15 millones de dólares? eso es todo. [Chasquea sus dedos otra vez.] ¡Se escapan!

-Esta es, desde 1999, la primera película en la que no actúa, y tampoco aparecerá en la próxima, "Match Point". ¿Prevé reaparecer en la siguiente?

-Sí, en la que filmaré este verano [por este invierno argentino]. Filmaremos en Londres, con Scarlet Johansonn. [Se pone serio, de improviso.] Cuando aparezco en una película debe ser una comedia. No soy un actor serio: la gente se ríe de mí, y "Match Point" es un film bastante serio. Si apareciera en la película, la arruinaría.

-Usted ha recibido toda clase de reconocimientos. ¿Aun así los estudios no confían en usted?

-No, no confían. Quieren sentir que participan en las filmaciones y estar seguros de que sus inversiones son seguras. No les agrada sentir que le entregan dinero a una persona a la cual no le importa lo que piensan o quieren. ¡Quieren ser parte del proceso, y yo no quiero que lo sean!

-"Melinda..." costó unos 12 millones de dólares. ¿Recuperó la inversión?

-Esta película recuperará lo invertido, sí. Pero... [tose, incómodo] siempre es un problema. En algunas películas previas, no se recuperó la inversión. Pero ésta lo hará, porque la lanzamos primero en Europa y tuvo una exposición muy fuerte allá. Cuando se lanzó en Estados Unidos ya había reembolsado once millones de dólares. Entonces, no hay ya tanta presión.

-En el caso de "Melinda y Melinda" ¿hay algo en particular que le agrade?

-Lo más agradable e interesante fue filmar la mitad dramática. Resultó más divertido, porque he grabado miles de escenas cómicas, pero muy pocas serias. Pero el desafío fue más para la protagonista, Radha Mitchell, porque grabábamos primero una escena cómica, donde ella era graciosa y chispeante, y casi de inmediato filmábamos otra escena en el mismo lugar, pero de la mitad dramática, para achicar los gastos. Y ella tenía que pasar de ser encantadora a las 9 de la mañana a ser un desastre a las 10.30 y otra vez a ser chispeante al mediodía.

-¿Aún siente que en Estados Unidos no entienden sus películas?

-Nunca he tenido un gran público aquí, ni siquiera cuando ganamos el premio de la Academia a la mejor película [con "Annie Hall"]. Ha sido una constante en mi vida. Cuando era comediante en los cabarets, los críticos me amaban, pero muy poca gente venía a verme. Me promocionaban en Las Vegas y nadie venía a mi espectáculo. Hice televisión y lo mismo: muy bajo rating. Y mis películas tienen siempre audiencias muy pequeñas, aun más bajas ahora.

-¿Por qué?

-Quizás a través de los años he hecho demasiadas películas y [sonríe] algunos de mis fans han muerto, lo que es predecible después de tantos años en este negocio. Además, la gente no va tanto al cine y prefiere alquilar películas, y los cines ofrecen menos variedad. Las películas estadounidenses son poco interesantes y los chicos ven cosas estúpidas, que no promueven una fermentación intelectual.

-¿Iría a la Argentina para impulsar un emprendimiento cultural o cinematográfico?

-Lo único que me ha prevenido de ir a la Argentina ha sido la extensión del viaje en avión. A mi esposa le encantaría ir, y a mí también. He tenido ofertas para tocar jazz con mi banda allí y en Brasil. Pero me intimida el viaje. No me gusta viajar a Europa, así que imagínese... No soy un gran viajero, pero mi esposa es la que me impulsa?

-¡Así que los argentinos deberían tentar primero a su esposa, para ver si así lo lleva a usted por la fuerza!

-[Se ríe] ¡Ciertamente ésa sería una forma de presionarme! Ella insiste mucho en ir a algunos lugares: la Argentina, Brasil y Asia, de donde ella proviene, ¡aunque viajar a Asia me asusta aún más!

-¿Cuál es la primera imagen o idea que le vino a la cabeza cuando mencioné a la Argentina?

-Borges [lo pronuncia perfecto]. George Louis Borges? He leído muchas de sus obras e integro varios comités y fundaciones que promueven su obra y honran su memoria. Soy un gran admirador suyo. Pienso también en Alfredo Zitarrosa, aunque era uruguayo. Tengo varios de sus discos. Y, por supuesto, pienso en los clichés que tenemos los estadounidenses: las pampas, los gauchos, los mejores bifes del mundo. También pienso en Buenos Aires como una de las ciudades más sofisticadas, otra París, con un muy alto nivel de arte y cultura.

-En "Bananas" parodió la realidad violenta y pintoresca de América latina. ¿Por qué y cómo la creó?

-Hace 35 años, lo que leíamos siempre en los periódicos era la inestabilidad recurrente de las que solían llamarse las "repúblicas bananeras" en América Central y, en menor medida, en América del Sur. Entonces un amigo y yo comenzamos a escribir un guión pensando que sería una atmósfera muy adecuada para una película cómica.

-En esa película, un sargento les aclara a sus soldados que pelearán para ambos bandos: "Esta vez, la CIA no quiere perder", les recuerda. ¿Cualquier similitud con la realidad actual es pura coincidencia?

-Correcto [sonríe]. Lo notable es que en aquel tiempo la vida cotidiana en la región era más rica que la ficción: había tanta violencia, tantos asesinatos, que sentimos que podíamos relatarla como una transmisión deportiva y colocamos a un par de supuestos periodistas del canal ABC News. Ahora, con la CNN, ese tipo de desastres son más realistas desde el punto de vista de la televisión, pero no resulta nada gracioso.

-Usted pasó de películas cómicas a producciones más profundas o dramáticas. ¿Refleja la evolución de su visión sobre la vida?

-Como artista, me siento más cómodo en la comedia, que me surge más naturalmente, pero como ser humano pienso que la vida es una experiencia muy triste y trágica. Por supuesto que tiene aspectos o momentos cómicos, pero la vida es tragedia.

-¿Cómo avizora la muerte?

-Como la tragedia última, máxima. No hay nada después de eso. Es la cesación de toda esperanza.

-¿No hay atisbo alguno de religiosidad en su vida privada?

-No. No soy religioso en absoluto. ¿Sabe? En "Melinda y Melinda" hay una mitad cómica y otra trágica, pero en realidad sólo se trata de una tragedia. Una mitad muestra una tragedia absoluta, y la otra, una tragedia con algunos puntos risibles en su desarrollo. Pero no existe una opción en la vida: es tragedia, en su comienzo, en su transcurso y en su final.

-Reafirma la visión del personaje de Alvie Singer, que usted encarnó en "Annie Hall", cuando decía que los humanos nos dividimos entre los miserables y los horribles?

-Sí, sin duda es cierto. La vida puede ser horrible, realmente horrible. Y si tienes suerte, tienes éxito, tienes hijos, un buen trabajo, salud, una mujer que te quiere y todo lo demás, aun así al final envejecerás y morirás. Tus hijos y tu esposa también morirán con los años, y no importa qué hagas desaparecerá todo rastro tuyo. Así que la vida es miserable y puede tornarse terrible.

-¿Entonces cómo lidia con la idea de envejecer? Usted cumplirá 70 años en diciembre próximo.

-¡Gracias por recordármelo! [Ríe.] ¡Odio ponerme viejo! El envejecimiento no viene con cualidades redentoras que compensen los problemas: no te pones más sabio ni más tranquilo ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura? ¡Nada de eso! ¡Es un pésimo acuerdo, si es que alguien lo pensó de ese modo!

-Bueno, pero usted está en perfecto estado físico y parece saludable...

-Sí, bueno, gracias... [vuelve a sonreír con picardía.] ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa! Pero no soy hipocondríaco, ¿eh? [Carcajadas.]

-¿Qué es lo que más lo asusta de envejecer?

-El deterioro y la muerte. Hacemos todo lo posible por negar u ocultar que nos van a pasar. En mi caso, me encanta trabajar y me resulta terapéutico, como cuando a un viejito lo ponen a tejer cestos. Trabajo porque me ayuda. Si luego la gente va a ver lo que hago, me hace más feliz, pero si no van, ¡me importa nada mientras pueda seguir haciendo películas!

-¿Acaso intenta alcanzar la inmortalidad a través de sus obras?

-¡No! [tajante.] No existe la inmortalidad. El arte es apenas una catálisis intelectual del artista, que a veces cree que existe la vida después de la muerte y que sus obras le permitirán alcanzar la inmortalidad. Pero no, olvídese, no existe eso. No sé cómo les caerá a los católicos de su país, pero no hay nada después de la muerte.

-Volví a ver "Bananas", que hizo en 1971. Y usted está allí joven, hilarante y sagaz. ¿Acaso eso no es una forma de inmortalidad?

-¡No! Eso no significa nada. Podemos ir juntos a la tumba de Shakespeare y depositar flores sobre ella y hablar de cuán buen escritor era y seguir así por un largo rato. Pero para Shakespeare es lo mismo que estemos allí o que no. ¡El está muerto! Es obvio que implica una gran decepción no aceptar la idea de posteridad, de inmortalidad o de legados, pero en última instancia todo eso no significa nada.

-Se ha dicho que usted, junto a Ingmar Bergman y Akira Kurosawa, formó la trilogía que intentó "hacer literatura" con sus películas...

-[Interrumpe.] Para mí, Bergman y Kurosawa son tremendos genios del cine y no siento que alguien pueda ponerme en la misma conversación con ellos. No puedo ser miembro de ese club. Puedo aspirar a ser miembro, pero nunca lo seré, porque carezco de la genialidad que ellos sí tenían.

-¿Son ellos dos los creadores que usted más admira?

-Bergman es el que más admiro. Tengo una gran reverencia por Kurosawa y por Fellini, pero Bergman es el que más admiro, por razones particulares. No simplemente porque haya sido el más grande director, por encima del resto, sino porque los temas sobre los que hizo sus películas tienen un significado especial para mí. Otros podrán sentirse más conectados con Fellini o Kurosawa, pero en mi caso siento que Bergman me habla a mí, personalmente, en sus películas. Es mi favorito.

-¿Acaso le atrae en Bergman su planteo sobre el silencio de Dios?

-[Asiente con la cabeza.] Bergman me interesa porque sus temas centrales eran los terrores existenciales, el silencio de Dios y las dinámicas religiosas y, en un nivel más personal, su visión sobre las dificultades que tienen hombres y mujeres para comunicarse. Kurosawa me atrae menos por los temas que aborda, pero sí por el modo espectacular en que lo hace, mientras que Fellini me atrae por los temas que aborda, pero en menor medida que Bergman.

-Muchas mujeres consideran que usted conoce muy bien cómo piensan. ¿Siente que es así?

-Me siento más atraído por las mujeres. Las encuentro más grandes que los hombres. Desde el comienzo mismo de la vida, ves a los chicos que se pelean, mientras que las niñas son muy dulces. Las mujeres son más civilizadas, gentiles, interesantes y divertidas porque son más complicadas y más emocionales, mientras que los hombres intentan mostrarse fuertes y ocultar sus emociones.

-¿Cómo definiría a la mujer?

-Como el género superior. Aun si incluyo a mi madre y a mis ex esposas [sonríe], porque he tenido muy buenas relaciones con ellas. Mi primera esposa era brillante y me ayudó mucho. Sigo siendo muy amigo de mi segunda esposa [por Diane Keaton], y mi tercera esposa... bueno, sigo casado con ella. Todas ellas, más mis amigas y tías, han hecho grandes contribuciones a mi vida.

-¿Cómo se llevaba con sus padres, ya que bromeó sobre ellos miles de veces? Recuerdo "Días de radio" y "Annie Hall", entre otras películas?

-Mis padres jamás entendieron mis bromas. Nunca. Pero, a la vez, estaban muy contentos con mi éxito. Y aun así habrían sido más felices si hubiera sido médico o farmacéutico o abogado, porque eso es lo que entendían, a diferencia del negocio del espectáculo, de los cabarets, de las películas, aunque también se emocionaban mucho cuando aparecía en el periódico alguna crítica de mis películas.

-Pero ¿qué le decía su madre cuando usted decía, por ejemplo, que el primer regalo que le hicieron de bebe fue poner en su cuna un osito... vivo?

-¡Ja! Bueno, siempre hay que exagerar un poco la verdad? Uno hace cada broma? Como principio, los chistes, como el drama, se basan en los conflictos. Pero la verdad es que mis padres eran muy buenos conmigo. Mi madre fue muy estricta, pero muy generosa al cuidarme... y al sacar el osito vivo de mi cuna.

-¿Qué le disgusta de usted? ¿Su hipocondría, sus obsesiones? ¿Se prepara el mismo desayuno, del mismo modo, desde hace 50 años?

-Bueno, tengo algunos pésimos hábitos. Soy perezoso, cobarde, impaciente, corto de mente? Pero también admito que no le deseo mal a nadie, que trato de ayudar y que tengo una actitud de vivir y dejar vivir.

-Los roles que asume suelen ser de indecisos, cobardes, perdedores. ¿Le gustaría, alguna vez, actuar de ganador y conquistar a la mujer más bonita?

-No, realmente. ¡No creo que pueda convencer a los espectadores con semejante personaje! Represento mejor personajes con otras condiciones que me son más naturales: incompetentes, cobardes, inestables... Usted sabe, ese tipo de cosillas.

-Ultima pregunta: ¿se animaría a ser analizado por un lacaniano?

-¿Usted dice en sesiones cortas? Reconozco que, como decía Bruno Bettelheim [psiquiatra sobreviviente de los campos de Dachau y Buchenwald], a veces se puede mejorar casi de inmediato, como ocurría en los campos de concentración, cuando un neurótico o un fóbico cambiaban en un segundo, y no siempre para mal, con una pistola en su rostro. Dicho esto, le respondo: no, no me animaría con un lacaniano, porque anticiparme a que, en cuanto entre en el consultorio, un tipo me diga: "Vaya directo al punto"... ¡Ah, no! ¡Me haría entrar en pánico! ¡Sería dramático para mí!

Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en los EE.UU.