Entrevistar a Woody Allen es un honor, que tuve ocasión de vivir con ocasión del pasado Festival de San Sebastián, donde el director neoyorquino recibió el Premio Donostia. Hacer una película todos los años, y mantener un excelente nivel, no es tarea sencilla, pero él la aborda con ejemplar puntualidad. Quizá Melinda y Melinda no sea su mejor film, pero como es habitual, su punto de partida ya es toda una sorpresa. | |
| La película juega con la idea de comedia y drama. En algunos pasajes he dudado si era comedia o drama. ¿Ha querido jugar a la confusión, es decir, que al final el espectador crea que es todo muy parecido? Pienso que son mundos tan cercanos que lo mismo se puede ver como una tragedia o como una comedia. Depende del punto de vista con el que se mire, o de la situación en la vida de cada uno. El mismo acontecimiento puede verse de dos maneras diferentes. En varias entrevistas usted ha declarado tener un sentimiento trágico y pesimista de la vida. A algunos espectadores nos resulta imposible creer que esto es así, con su sentido del humor. Hay momentos en los que me he sentido bien, porque han sido agradables y felices. Algunos ha habido. Pero en general sí que soy muy pesimista cuando pienso en la vida. Espero que mis películas hayan reflejado muchas cosas diferentes, pero pienso que la idea que reina en todas ellas es bastante oscura. Cuando leo el periódico todas las mañanas y veo lo que ocurre, no puedo evitar sentirme pesimista. Usted es uno de los más reputados directores, actores y guionistas del cine actual. ¿Pensó de pequeño alguna vez que podía llegar tan lejos? No. Me echaron del colegio y tuve suerte, porque escribía chistes. Gracias a eso pude sobrevivir, pero nunca imaginé que podría llegar a esto, que aquello que escribía entonces podría llevarme al éxito. Siempre he dicho que era una persona con mucha suerte. El resto de amigos del colegio se iban convirtiendo en médicos, abogados, o economistas. Yo francamente no sé qué hubiera podido hacer si no me hubiera dedicado a esto. ¿Escribir guiones a partir de una idea es parecido a vivir la vida? Al escribir todo tiene su lógica. Hay cosas que salen bien y otras que salen mal. Al final, lo único que te puede pasar es que ruedes una mala película. Pero cuando en la vida real reflexionamos sobre algo, y uno se deja llevar por su instinto, las consecuencias pueden ser mucho peores que simplemente una mala película. ¿Qué supone para usted el premio Donostia que recibió en el festival de San Sebastián? ¿Qué piensa de que las comedias apenas reciban premios? Venir a recibir el premio Donostia ha sido una manera de agradecer al público español su fidelidad y su apoyo durante todos estos años. Para mí es una gran oportunidad estar aquí y poder agradecérselo de esta manera. Las comedias lo tienen más difícil para conseguir premios, porque los trabajos serios siempre calan más hondo dentro de nosotros. El mundo es trágico por naturaleza, y las tragedias nos llegan de una manera más profunda. Se suele decir que la comedia es un trabajo intelectual difícil de hacer, pero al final se ve que realmente las comedias apenas reciben premios. Ahí subyace la idea de que la tragedia es más importante. La comedia se relaciona siempre con destrucción y el drama con la confrontación con la realidad. Siempre se ha dicho que sus películas tienen siempre un carácter autobiográfico. ¿Cree que cada una de ellas representa su estado de ánimo en ese momento? ¿Alguna se basa en una anécdota importante de su propia vida? Se ha convertido en un tópico, pero estoy de acuerdo en que mis películas reflejan mis observaciones, mis sentimientos y anécdotas específicas que me han ocurrido en momentos determinados. La gente suele aceptarlas como autobiográficas, y no siempre han sucedido las cosas tal cual, pero sí que reflejan mi filosofía y mi forma de pensar. Hubo una época en que siempre trabajaba con Mia Farrow y Diane Keaton, pero ahora cambia de actores en cada película. ¿Siente la necesidad de probar intérpretes nuevos? ¿Conocía a Radha Mitchell antes de darle el papel protagonista? En el caso de Mia Farrow y Diane Keaton lo único que puedo decir es que nos compenetrábamos muy bien y pasábamos el tiempo juntos. Vivía con ellas y pasaba todo el día con ellas, y creo que fue una experiencia gratificante rodar con ellas. En cuanto a los demás, es cierto que tengo muchas preferencias en cuanto a los actores, a veces escribo pensando en alguno de ellos, y prefiero que sean los que terminen interpretando ese papel. En el caso de Radha Mitchell, la conocí en un corto de diez minutos que había rodado para la universidad. Y me gustó, me pareció una chica muy interesante, guapa y que sabía interpretar. Algunos de mis colaboradores eran reacios y me preguntaban por qué le había dado un papel tan importante, y si sería capaz de hacerlo. Pero yo creía que sí, porque pensaba que si podía actuar diez minutos también podía hacerlo durante dos horas. ¿Por qué en las películas en las que usted no actúa siempre elige a un actor para que haga un papel parecido a la imagen que tenemos de usted? Me sustituyo por John Cusack o Will Ferrell. Sí que me gusta interpretar a los protagonistas, pero hay que ser realista y ver que ya no soy el más indicado para los papeles románticos. La gente quiere ver los problemas que tiene una persona joven y romántica, y yo ya no estoy para esos trotes. ¿Qué piensa de los resultados de las elecciones estadounidenses? Pienso que como ciudadano es importante que participemos en la democracia, porque la democracia es el gobierno del pueblo, y si éste no participa, no tiene sentido. De momento hay que participar. Hay muchos votantes indecisos en Estados Unidos, lo cual es inexplicable. Si la Administración Bush fuera una empresa, y Bush el director, llegaría un momento en el que le despedirían, porque el trabajo que ha hecho no es el más adecuado. Creo que está muy claro que habría que haberle sustituido por otros que sean capaces de solucionar los problemas a los que se enfrenta EE.UU. actualmente. ¿Ha venido alguna vez a rodar a Europa? Parece ser que hay un proyecto para que usted ruede en Barcelona, ¿sería capaz de hacerlo? ¿Ha estado en una corrida de toros? Sí que he estado alguna vez. El año pasado estuve rodando alguna secuencia en Londres y fue muy gratificante. Estaría encantado de venir y rodar en España. Las personas que tienen la idea de rodar una película necesitan encontrar financiación. En cuanto se consiga eso, si se consigue, estaría encantado de rodar en Barcelona, porque es la ciudad que me han propuesto inicialmente. Tendría que hacerse en una gran ciudad. Si me dijeran de ir a Madrid, Salamanca o alguna de las maravillosas ciudades españolas también estaría encantado. No he estado en una corrida de toros. La he visto televisada en México. Me gustó el ambiente que se respira. El New York Times le pidió en una ocasión que comentara una película que usted decidiera, y se decantó por Raíces Profundas. ¿A qué se debió la elección? ¿Le gustaría rodar un western? Me propusieron comentar una de mis películas favoritas. Elegí Raíces profundas porque me parece el mejor western jamás filmado. Como siempre estoy hablando de Bergman, de Kurosawa, de Fellini, de Buñuel, pensé que por elegir algo diferente no perdía nada. Así variaba un poco. Me parecería un proyecto interesante rodar un western. Pero tendría que rodarlo sin dejar la ciudad de Nueva York, porque estoy acostumbrado a trabajar allí. Si encuentro alguna forma de conseguir que eso se pudiera hacer, lo haría. Me he enterado de que Sean Penn ha hecho una película en la que viaja por todo el territorio estadounidense, por Chicago, Los Ángeles, etc. y que todo eso está rodado en Nueva York. Si yo pudiera hacer lo mismo sin salir de Nueva York, sería ideal para mí. | |
| José María Aresté | |
| 01/05/2005 |
martes, 1 de abril de 2008
Entrevista a Woody Allen: Melinda & Melinda
sábado, 1 de marzo de 2008
Biografía no oficial de Woody Allen
Una de las recopilaciones es una entrevista con Eric Lax hecha desde 1971, que es como la biografía no oficial de hace 16 años, de esa entrevista surge la idea de que Ciudadano Kane es el mejor filme de toda la historia, habla sobre los filósofos que más reconoce, sobre sus influencias y muchas otras cosas.
En lo personal soy un fanático de este gran director, me muero de risa en sus filmes, en otros aprecio mucho su realismo, sus fantasías, sus obsesiones con la muerte y en algunos otros hasta te hace odiar y amar al ser humano, creo que genios como él hay pocos. Sin más, aquí esta la entrevista.
-¿Qué filósofos siente que le hablan cuando los lee?
-Los más interesantes pueden ser los filósofos alemanes, aunque es bastante interesante cuando se lee a Platón por primera vez. Desde un punto de vista artístico, es divertido. Lo mismo con Nietzsche. Es divertido. Encuentro a Hegel aburrido y uno avanza trabajosamente con él. Pero lo que te mata está muy profundo; los que tienen más sentido para mí resultaron ser los filósofos racionalistas y pragmáticos que básicamente son más grises, pero con los que es más difícil discutir. Al final, mucho de Bertrand Russell tiene más sentido y resuena mucho más profundamente conmigo, aunque él no es ni de cerca tan divertido o interesante como, digamos, Camus, Jean Paul Sartre o Nietzsche, que son más dramáticos y se preocupan más por asuntos de vida y muerte y hablan sobre esos temas de maneras muy escabrosas.
-¿Alguna vez se ríe de su propios chistes cuando los escribe?
-Sí, todo el tiempo. Y a menudo [se ríe] no coincide con aquello con lo que la gente se ríe. Escucho un chiste por primera vez cuando lo escribo o cuando lo digo. Estoy en una habitación y escribo el chiste o lo digo en voz en alta a medida que sale de mi inconsciente, así que lo escucho y me río como si lo contara un extraño.
* * *
-Mucho del trabajo de un escritor es arduo. Incluso mis hijos pequeños, que tienen cinco y seis años, dicen [simula una voz infantil] «Papi, se está metiendo adentro para pensar». Y yo digo: “Cuando tu vas al circo, ¿qué voy a hacer yo?”. [Otra vez con una voz infantil]: «Vas a pensar». Y ahí estoy yo, en la cama, de este modo [simula acostarse de lado y mira al infinito], y estoy allí pensando. Y me voy a almorzar y sigo pensando. Y luego vuelvo y sigo.
-¿Sin lápiz o papel?
-No, sin lápiz ni papel.
-¿Qué piensa Soon-Yi sobre esto? ¿Aprendió rápido a adaptarse?
-Ella simplemente piensa que es uno de los misterios de cómo trabajo, que mucho de mi esfuerzo va en pensar. Ella siempre se ha sorprendido porque piensa que soy un escritor veloz. Pero comete el mismo error que la mayoría de la gente. Piensan que la escritura es escribir. Como señaló Marshall Brickman, el pensar es la escritura [ ] La parte difícil es tener las ideas que funcionen y ordenarlas. [En cuanto a Soon-Yi, la hija adoptiva de su anterior pareja, Mia Farrow, Allen cuenta poco más: “Es irónico que mi matrimonio con ella, que ha sido visto por muchos como irracional, es para mí la única relación que ha funcionado en mi vida”].
-¿Quién tuvo la mayor influencia sobre usted?
-Adoré mucho a Bergman cuando comencé a hacer películas y aún pienso que es el mejor realizador que jamás he visto. Cuando piensas sobre mí en ese entonces, ¿qué era yo realmente? Un cómico de la noche, un escritor de gags de Broadway. No era un intelectual, no era una persona melancólica y sombría. Iba a los juegos de béisbol y a comer a Elaine s. Jamás había visto una cámara por dentro, no sabía lo que estaba haciendo, pero mi mayor influencia es Bergman. Es algo tan incongruente y tonto, la disparidad entre las personas que me influyeron: Bob Hope e Ingmar Bergman [se empieza a reír]. Así que por supuesto vas a tener un extraño híbrido de película que está llena de ocurrencias como las de George S. Kaufman o Bob Hope y una cierta dramática estilizada que caracteriza a los filmes suecos más pesados por parte de un cómico inculto de club nocturno abordando un asunto que es bastante serio y profundo. Así sale esa extraña mezcolanza [se ríe]. Pero para bien o para mal, para la gente, las películas eran sorprendentes y diferentes, yo no estaba haciendo una cosa convencional. Era, como cualquiera que comienza, un producto de mis influencias. Y mis influencias eran tan antitéticas.
* * *
-A medida que te vas poniendo viejo, aparece la palabra “legado”. Personalmente, no tengo interés alguno por un legado, porque soy un firme creyente de que cuando estás muerto, nombrar una calle en tu honor no ayuda a tu metabolismo. He visto lo que pasó con Rembrandt y Platón y toda esa linda gente. Simplemente están enterrados. Quizá deje un pequeño legado financiero para mis chicos, no la gran cosa, pero cuando esté muerto no me preocupa ni por un segundo si toman todas mis películas y negativos y simplemente las tiran por la alcantarilla. El gran Shakespeare no está mejor que un vago sin talento que escribió obras en la Inglaterra de Isabel y no logró que se las produjeran y cuando lo logró vos te marchaste del teatro. No es que crea que carezco totalmente de talento, pero no tengo el suficiente para lograr que mi sangre siga circulando cuando me llegue el rigor mortis . Así que el legado no me importa en absoluto. Lo expliqué mejor con un chiste: “Más que vivir en los corazones de mis hermanos, preferiría vivir en mi departamento”.
-¿Y qué pasa con la audiencia que disfrutará de su trabajo cuando usted se haya ido?
-Bien por ellos y si por alguna razón, alguna de mis películas da placer a la gente después de que me haya ido, fantástico; no me opongo a eso. Pero no podría importarme menos lo que pasará con mi obra cuando esté muerto. Cuando se es más joven piensas en términos de gloria, adulación, inmortalidad, pero cuando levantas la mirada y ves adónde te llevan tus senderos de gloria por eso me pregunto cuando hablan del legado de los presidentes. ¿De qué se preocupan tanto esos políticos sobre sus bibliotecas y sus audios, o sus rostros grabados en estampillas y monedas? Es difícil parecer presidencial cuando estás en una urna.
-Deme una evaluación de su carrera hasta ahora.
-Mi sensación objetiva es que no he alcanzado nada significativo en términos artísticos. No lo digo con pesar, sólo describo lo que siento. Siento que no he hecho una verdadera contribución al cine. Comparado a contemporáneos como Scorsese o Coppola o Spielberg, no he influido a nadie, no de manera significativa. Stanley Kubrick sería un ejemplo de primera. Yo no he tenido ningún tipo de influencia. Por eso me resulta tan extraño que me hayan prestado tanta atención a través de los años. Y no estoy siendo una persona exageradamente modesta. Cuando soy bueno, sé apreciarme. No estoy triste ni soy confesionalmente masoquista, pero soy lo suficientemente astuto para saber que maximicé mis limitados talentos, hice buen dinero comparado con mi padre y, más importante, hasta ahora he tenido buena salud.
Cuando era chico, solía irme al cine para escaparme, 12 o 14 películas por semana, a veces. Y como adulto, he sido capaz de vivir mi vida de una manera autoindulgente. Logro hacer las películas que quiero y así logro vivir en ese mundo irreal de mujeres bellas, hombres ingeniosos y situaciones dramáticas, y manipular la realidad. Sin mencionar la música maravillosa y los lugares a los que me ha llevado [carcajadas]. Oh, y a veces logré salir con algunas de las actrices. ¿Qué podría ser mejor? Me he escapado hacia una vida en el cine, del otro lado de la cámara, más que del lado de la audiencia [pausa]. Es irónico que haga películas escapistas, pero no es que la audiencia escape, soy yo.
Entrevista a Woody Allen: Poderosa Afrodita
¿Son las películas de Woody Allen una metáfora de las distintas etapas de su propia vida? ¿Se interpreta siempre a sí mismo? ¿Por qué le salen todas bien? Las sempiternas preguntas sobre el cine de este genio indiscutido vuelven a plantearse con el estreno de Mighty Aphrodite (Poderosa Afrodíta), una tragicomedia con nombre de la diosa griega del amor, con una profunda base existencial trasladada a Nueva York y tratada con la suficiente frescura como para que el director, escritor y actor pueda afirmar: "No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación".
Acallada la tormenta sobre la custodia de sus hijos con Mia Farrow (Allen la perdió y la volvió a reclamar sin éxito el pasado verano), el director estrena ahora una fábula sobre hijos adoptivos que hará las delicias de quienes gustan de comparar su cine con su realidad.Woody Allen no niega del todo que exista esta relación, y explica que la idea del guión surgió cuando observaba a una de sus propias hijas adoptivas. "Pensaba que debía haber tenido unos padres biológicos increíbles, porque genéticamente tenía sentido del humor e inteligencia", dice. "No pensaba llevar esto más allá, no iba a salir a buscarles, pero era una noción que me había pasado por la cabeza. Luego, un año después, pensé que podría haber una historia divertida si un tipo que fuera, por ejemplo, escritor de deportes tuviera un hijo adoptado y cuando su matrimonio empieza a descalabrarse se pone a tener fantasías sobre la madre del niño y comienza a investigarlo".
Ésta es la premisa de Mighty Aphrodite, cuyo desenlace no se desvelará aquí en honor al deseo de Woody Allen de que el público acuda a sus películas sabiendo lo menos posible sobre ellas. El director no sólo se niega a adelantar el contenido de sus trabajos sino que tampoco se ha prodigado mucho en promocionarlo. Sus entrevistas se han concedido siempre con cuentagotas, pero desde su reciente asociación con la distribuidora Miramax ha tenido que ceder a algunas imposiciones de la mercadotecnia masiva. "La historia de Mighty Aphrodite tenía una estructura seudogriega desde el principio", explicó anteayer el director a un reducido grupo de periodistas, entre los que estaba un representante de este diario, en la que es su ciudad de referencia eterna. "En todas las tragedias griegas, cuanto más se investiga sobre el pasado, es cada vez peor, se encuentran cosas más terribles".
Casualidad
Mighty Aphrodite tiene bastante más de comedia, pero eso es, según Allen, una pura casualidad: "Ahora me ha salido Mighty Aphrodite, pero me podía haber salido Muerte de un viajante y lo habría hecho igual"."Cuando termino una película", dice, "me meto en el dormitorio e intento pensar en otra. Aquello en lo que piense o que parezca factible después de unos días o semanas es lo que hago. Mi próxima película es un musical, porque me resulta la idea excitante en este momento y soy capaz de mantener la emoción el tiempo suficiente para terminar la película". Este parece ser el secreto de Allen Stewart Konigsberg, nacido en Brooklyn en 1935, para no haber dejado pasar un solo año desde mediados de los sesenta sin escribir, dirigir o protagonizar una película bien recibida por la crítica. Y hay que aceptarlo, porque lo dice con una extremada timidez envuelta en suavidad y con uno de los picos de la camisa saliéndole por el cuello de su discreto jersey de lana verde. Si el Woody Allen de las películas es el mismo de la vida real (él mismo reconoce que no puede hacer más que su propio personaje), entonces el Woody Allen de las entrevistas es inevitablemente el mismo de Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas y, ahora, Mighty Aphrodite.
Allen advierte que ha estado rodeado de "grandísimas malinterpretaciones a lo largo de los años, como que era un intelectual o un adicto al trabajo, cuando lo que me gusta es ir al baloncesto, al cine, a pasear, a no hacer nada. No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación. Ahora la mayor malinterpretación es que estoy acostándome con mi hija". Soon Yi, con quien Allen convive actualmente, era un miembro adoptivo de la ya extinta pareja (ni matrimonio ni bajo el mismo techo) que éste formaba con la actriz Mia Farrow. "Coino a la gente tampoco le importa demasiado mi vida", dijo, "creo que se quedarán con esa noción de que yo estuve casado con Mia y que ahora me acuesto con nuestra hija". El director declaró en la presentación de Mighty Aphrodite que no está arrepentido de haber adoptado hijos en el pasado y que desea volver a hacerlo próximamente.
Tormenta informativa
"De mí se han escrito cosas falsas, cosas exageradas, cosas incluso malintencionadas", dice Allen, "peto, sobre todo, cosas estúpidas que no sabes ni cómo empezar a analizar. Por ejemplo, últimamente se está diciendo que me he comprado un palazzo en Venecia. Estoy recibiendo llamadas de Sotheby's para recomendarme arquitectos e ingenieros y no sé qué decirles".De la tormenta informativa desatada tras su separación de Mia Farrow, Allen sólo puede añadir que "no tiene ningún valor o sustancia. Es como si te vas de vacaciones y no ves la tele o lees la prensa durante tres semanas y luego vuelves y te das cuenta de que no te has perdido nada. No hay ninguna relación entre los millones de temas y palabras que se publican y la realidad de la vida".
Aparte del baloncesto, Woody Allen remite sus pasiones eternas a ocupaciones como la de tocar el clarinete. "Creo que existe la pasión eterna, pero tienes que ser muy afortunado; no es algo que se consigue con esfuerzo, sino que tiene que ser el gran placer de tu vida. Igual que a mí me gusta el clarinete, a otros les gusta jugar al póquer una vez a la semana, otros van a casa a arreglar su barco... Si encuentras a una pareja con la que te pasa lo mismo, entonces es que has tenido un golpe de suerte. Este momento llega cuando haces las cosas no por complacer al otro o hacerle feliz, sino porque dos personas quieren hacer lo mismo".
viernes, 1 de febrero de 2008
Ewan McGregor habla sobre Woody Allen
Ewan McGregor le apasiona el riesgo. Fanático de las motos, ha jugado con osos polares en Canadá y ha explorado la selva de Honduras. Este aventurero nato inició su carrera como estrella de culto en ‘Trainspotting’ o ‘Velvet Goldmine’ y ascendió al star system hollywoodiense con ‘Moulin Rouge’ y la trilogía de ‘Star Wars’. Ahora interpreta al ambicioso hermano de Colin Farrell en ‘Cassandra’s Dream’, de Woody Allen, que se estrena el 26 de octubre tras presentarse en los festivales de Venecia y Toronto. ¿La trama? La historia de dos buenas personas cuyos sueños acaban en pesadilla: un drama con tintes cómicos al estilo de ‘Match Point’. Fuera de la pantalla, Ewan vive en Londres con la diseñadora francesa Eva Mavrakis y sus tres hijos: Clara (once años) y Esther y Jamiyan (de seis).
¿Cómo fue trabajar con Woody Allen?
Todos los actores sueñan con ser dirigidos por él. Por su talento y por su forma de trabajar. La mayor parte de las escenas se ruedan en un plano único, hay mucho diálogo y apenas se repiten tomas. ¡Es maravilloso! El rodaje es tan rápido que tienes que darlo todo desde el primer momento. Además, tienes tiempo libre: llegas a casa a las cuatro y media y… ¡puedes tener tu propia vida! ‘Cassandra’s Dream’ tuvo una buena acogida en Venecia.
¿Para ti es importante que tus películas tengan éxito?
No hay grandes o pequeñas películas. Soy actor, y cada una supone un nuevo reto, una nueva oportunidad de ponerme en la piel de un personaje. Actuar es fingir ser otro, eso es lo que me atrae.
Tienes varios filmes por estrenar, como ‘Incendiary’ (de Sharon Maguire) o ‘El turista’. ¿Por qué trabajas tanto?
Me encanta trabajar, y si tengo suerte al conseguir ofertas, ¿por qué no voy a aceptarlas? Ponerme frente a la cámara supone una enorme descarga de adrenalina.
Desde que te has convertido en una estrella, ¿sientes la necesidad de satisfacer determinadas expectativas?
No, nunca me ha preocupado lo que opinen de mí, dentro o fuera de la pantalla. No voy a dejar de beber, ni de fumar, ni de soltar tacos, ni de correr con mis motos, sencillamente porque eso no me convierta en un ejemplo a seguir. Los escoceses somos personas alegres y sensibles. ¡Creemos en la vida, no en el mero hecho de existir!
Has luchado duro para conservar una vida normal...
Perseguir la fama te convierte en un miserable infeliz. No me interesa, porque nunca eres lo bastante famoso. Algunos están dispuestos a pagar un alto precio por ella, pero yo no. No me gusta conocer gente que no sabe ni cómo soy, porque siento que tienen una idea preconcebida de mí. Me resulta incómodo: cuando eres conocido, olvídate de hablar a alguien de igual a igual. No te dejan aunque quieras.
No te gustan los tabloides.
Los censuro. Para mí, son pornografía, aunque los tengamos que soportar si trabajamos en esto. Me he gastado muchísimo dinero intentando proteger a mis hijos de los paparazzi. A mi mujer no le afecta tanto: mete a los niños en el coche y desaparece.
Eres padre de tres hijos: Clara, Esther y Jamiyan, al que adoptasteis en 2006. ¿Quieres tener más hijos?
Por lo menos, uno más, ¡me encanta vivir rodeado de niños!
¿Llevas a tu familia en tus desplazamientos?
Si puedo, sí. Cuando estás lejos de casa es horrible no estar a su lado. Te pasas el día pensando en ellos, sufriendo por si les pasara algo.
¿Cómo conociste a tu mujer?
En la serie de televisión ‘Kavanaugh, Q.C.’ La verdad es que fue amor a primera vista. Yo interpretaba a un violador, y mi mujer recuerda cómo ella estaba sentada en las escaleras mientras yo hacía ver que violaba a una actriz en el piso de abajo.
Lleváis casados doce años. ¿Qué recuerdas de tu boda?
La celebramos en una villa, en Francia. La ceremonia fue en francés, así que no entendí casi nada. Cuando dije ‘oui’, sesenta invitados se rieron: había contestado cuando no me tocaba.
¿Es difícil para ella ver tus escenas de amor en pantalla?
Forma parte del trabajo, y lo sabe. Puedes justificarlo en ese sentido, pero aunque lo racionalices, es duro para mi mujer y tienes que hablar de ello.
Antes ibas mucho de fiesta, pero la cosa va a menos.
Sí, con los años he crecido como persona. Antes pasaba la mitad del tiempo libre bebiendo, y la otra mitad, de resaca. No es un estilo de vida recomendable para nadie. Yo intentaba ser un gran padre, un gran esposo, un gran actor y un gran bebedor. Tenía que prescindir de algo, ¿no crees?
¿Algún director te dijo algo acerca del alcohol?
Ninguno me comentó: «Preferiría que no bebieras mientras trabajas.» Nunca. ¡Y seguro que lo pensaban, porque apestaba a alcohol! Beber y estar fuera de control reduce considerablemente tus opciones frente a la cámara. Al principio era un borracho feliz, pero luego me fui volviendo un poco miserable, porque el alcohol es depresivo.
¿Cuándo cambiaste de estilo de vida?
Cuando mi hija mayor enfermó de meningitis mientras yo estaba en Los Ángeles rodando. Un día piensas que eres guay, que la vida es de color de rosa, y otro, de repente, tienes que ir al hospital y ver a tu hija entubada. Ser padre es una gran responsabilidad.
Cuando empezabas como actor, comentaste: «¿Hacer una mierda como ‘Independence Day’ por un pastón? Nunca envenenaría mi alma con esa porquería.» Después rodaste ‘La Isla’…
Mi actitud ha cambiado mucho. Creía que la industria del cine británica era el paraíso y Hollywood, lo peor. Y me he dado cuenta de que son lo mismo.
¿Qué actores te han enseñado más?
Los actores que intentan enseñarte cómo hacerlo son aquellos de los que no quieres aprender. Algunos te dicen: «¡Ay, hijito, así, así se hace!» Y yo pienso: «Vete a la mierda, precisamente así es como yo no quiero hacerlo.» La gente a la que observas es de quien, al final, más aprendes.
Has dado la vuelta al mundo en moto...
Siempre me gustaron las motos, pero mis padres no me dejaron tener una. Compré la primera de adulto, y ahora tengo cinco. Me gusta lanzarme a la carretera, pero paso la mayor parte del tiempo con mi familia. Leo, toco la guitarra, miro DVDs...
¿Crees que eres guapo?
¡Nooo! ¡Por supuesto que no voy por ahí pensando que soy un rompecorazones!
Woody Allen opina: "La mujer es superior al hombre"
NUEVA YORK.– Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Pero es este mismo Woody Allen el que sigue creando gags desopilantes, el que escribe y filma al menos una película de calidad por año. La última, “Melinda y Melinda”, está por llegar a los cines argentinos. Y es el mismo Allen que concedió a LA NACION una entrevista de una hora y media en su cine privado, allí, en el Manhattan Film Center, que armó en la zona más exclusiva de esta ciudad, en el cruce de Park Avenue y la calle 63.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confeso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
Cumplirá 70 años en diciembre y no le encuentra a eso un aspecto positivo, sino uno risible. “¡Odio ponerme viejo! No te pones más sabio, ni más tranquilo, ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura... ¡Nada de eso!", dice, y ríe. Y cuando replico que se lo ve muy bien, aparece el Woody que todos esperamos: "Bueno, gracias... (calla unos segundos) ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa!", retruca. "Pero no soy hipocondríaco, ¿eh?" Y ríe, cómplice, otra vez.
-La crítica coincide en que con "Melinda y Melinda" ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
-Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho? [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. "¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!", pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: "¡Ustedes no se dan cuenta de la idea maravillosa que tenía y de cómo la arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!" Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
-¿Me dirá, al menos, hasta qué punto lo satisfizo "Melinda y Melinda"?
-Representa la mitad de lo que imaginé.
-¿Pensó en filmarla otra vez?
-No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 o los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 o 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a "El aviador" [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Esa película tuvo un presupuesto enoooorme, y está claro que Martin no dilapidó el dinero, pero, a su vez, recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
-Pero lo notable -y, para usted, lo halagador- es que, aun con sus bajos presupuestos, los actores quieren trabajar bajo sus órdenes?
[Sonríe con picardía, por primera vez.] -Bueno, sí, si los atrapo en el momento correcto. No van a trabajar en mis películas si algún otro les dice al mismo tiempo que les pagará diez millones de dólares, porque nosotros le damos el mínimo absoluto, mil dólares por día, cinco mil dólares por semana, cuando en otros films cobran fácilmente un millón de dólares por semana. Pero si cuando los llamo están en sus casas y les atrae el guión, entonces dicen que sí, que harán la película porque cobran dinero suficiente por las otras. Pero si les gusta el guión y después los llama Scorsese con una oferta de 15 millones de dólares? eso es todo. [Chasquea sus dedos otra vez.] ¡Se escapan!
-Esta es, desde 1999, la primera película en la que no actúa, y tampoco aparecerá en la próxima, "Match Point". ¿Prevé reaparecer en la siguiente?
-Sí, en la que filmaré este verano [por este invierno argentino]. Filmaremos en Londres, con Scarlet Johansonn. [Se pone serio, de improviso.] Cuando aparezco en una película debe ser una comedia. No soy un actor serio: la gente se ríe de mí, y "Match Point" es un film bastante serio. Si apareciera en la película, la arruinaría.
-Usted ha recibido toda clase de reconocimientos. ¿Aun así los estudios no confían en usted?
-No, no confían. Quieren sentir que participan en las filmaciones y estar seguros de que sus inversiones son seguras. No les agrada sentir que le entregan dinero a una persona a la cual no le importa lo que piensan o quieren. ¡Quieren ser parte del proceso, y yo no quiero que lo sean!
-"Melinda..." costó unos 12 millones de dólares. ¿Recuperó la inversión?
-Esta película recuperará lo invertido, sí. Pero... [tose, incómodo] siempre es un problema. En algunas películas previas, no se recuperó la inversión. Pero ésta lo hará, porque la lanzamos primero en Europa y tuvo una exposición muy fuerte allá. Cuando se lanzó en Estados Unidos ya había reembolsado once millones de dólares. Entonces, no hay ya tanta presión.
-En el caso de "Melinda y Melinda" ¿hay algo en particular que le agrade?
-Lo más agradable e interesante fue filmar la mitad dramática. Resultó más divertido, porque he grabado miles de escenas cómicas, pero muy pocas serias. Pero el desafío fue más para la protagonista, Radha Mitchell, porque grabábamos primero una escena cómica, donde ella era graciosa y chispeante, y casi de inmediato filmábamos otra escena en el mismo lugar, pero de la mitad dramática, para achicar los gastos. Y ella tenía que pasar de ser encantadora a las 9 de la mañana a ser un desastre a las 10.30 y otra vez a ser chispeante al mediodía.
-¿Aún siente que en Estados Unidos no entienden sus películas?
-Nunca he tenido un gran público aquí, ni siquiera cuando ganamos el premio de la Academia a la mejor película [con "Annie Hall"]. Ha sido una constante en mi vida. Cuando era comediante en los cabarets, los críticos me amaban, pero muy poca gente venía a verme. Me promocionaban en Las Vegas y nadie venía a mi espectáculo. Hice televisión y lo mismo: muy bajo rating. Y mis películas tienen siempre audiencias muy pequeñas, aun más bajas ahora.
-¿Por qué?
-Quizás a través de los años he hecho demasiadas películas y [sonríe] algunos de mis fans han muerto, lo que es predecible después de tantos años en este negocio. Además, la gente no va tanto al cine y prefiere alquilar películas, y los cines ofrecen menos variedad. Las películas estadounidenses son poco interesantes y los chicos ven cosas estúpidas, que no promueven una fermentación intelectual.
-¿Iría a la Argentina para impulsar un emprendimiento cultural o cinematográfico?
-Lo único que me ha prevenido de ir a la Argentina ha sido la extensión del viaje en avión. A mi esposa le encantaría ir, y a mí también. He tenido ofertas para tocar jazz con mi banda allí y en Brasil. Pero me intimida el viaje. No me gusta viajar a Europa, así que imagínese... No soy un gran viajero, pero mi esposa es la que me impulsa?
-¡Así que los argentinos deberían tentar primero a su esposa, para ver si así lo lleva a usted por la fuerza!
-[Se ríe] ¡Ciertamente ésa sería una forma de presionarme! Ella insiste mucho en ir a algunos lugares: la Argentina, Brasil y Asia, de donde ella proviene, ¡aunque viajar a Asia me asusta aún más!
-¿Cuál es la primera imagen o idea que le vino a la cabeza cuando mencioné a la Argentina?
-Borges [lo pronuncia perfecto]. George Louis Borges? He leído muchas de sus obras e integro varios comités y fundaciones que promueven su obra y honran su memoria. Soy un gran admirador suyo. Pienso también en Alfredo Zitarrosa, aunque era uruguayo. Tengo varios de sus discos. Y, por supuesto, pienso en los clichés que tenemos los estadounidenses: las pampas, los gauchos, los mejores bifes del mundo. También pienso en Buenos Aires como una de las ciudades más sofisticadas, otra París, con un muy alto nivel de arte y cultura.
-En "Bananas" parodió la realidad violenta y pintoresca de América latina. ¿Por qué y cómo la creó?
-Hace 35 años, lo que leíamos siempre en los periódicos era la inestabilidad recurrente de las que solían llamarse las "repúblicas bananeras" en América Central y, en menor medida, en América del Sur. Entonces un amigo y yo comenzamos a escribir un guión pensando que sería una atmósfera muy adecuada para una película cómica.
-En esa película, un sargento les aclara a sus soldados que pelearán para ambos bandos: "Esta vez, la CIA no quiere perder", les recuerda. ¿Cualquier similitud con la realidad actual es pura coincidencia?
-Correcto [sonríe]. Lo notable es que en aquel tiempo la vida cotidiana en la región era más rica que la ficción: había tanta violencia, tantos asesinatos, que sentimos que podíamos relatarla como una transmisión deportiva y colocamos a un par de supuestos periodistas del canal ABC News. Ahora, con la CNN, ese tipo de desastres son más realistas desde el punto de vista de la televisión, pero no resulta nada gracioso.
-Usted pasó de películas cómicas a producciones más profundas o dramáticas. ¿Refleja la evolución de su visión sobre la vida?
-Como artista, me siento más cómodo en la comedia, que me surge más naturalmente, pero como ser humano pienso que la vida es una experiencia muy triste y trágica. Por supuesto que tiene aspectos o momentos cómicos, pero la vida es tragedia.
-¿Cómo avizora la muerte?
-Como la tragedia última, máxima. No hay nada después de eso. Es la cesación de toda esperanza.
-¿No hay atisbo alguno de religiosidad en su vida privada?
-No. No soy religioso en absoluto. ¿Sabe? En "Melinda y Melinda" hay una mitad cómica y otra trágica, pero en realidad sólo se trata de una tragedia. Una mitad muestra una tragedia absoluta, y la otra, una tragedia con algunos puntos risibles en su desarrollo. Pero no existe una opción en la vida: es tragedia, en su comienzo, en su transcurso y en su final.
-Reafirma la visión del personaje de Alvie Singer, que usted encarnó en "Annie Hall", cuando decía que los humanos nos dividimos entre los miserables y los horribles?
-Sí, sin duda es cierto. La vida puede ser horrible, realmente horrible. Y si tienes suerte, tienes éxito, tienes hijos, un buen trabajo, salud, una mujer que te quiere y todo lo demás, aun así al final envejecerás y morirás. Tus hijos y tu esposa también morirán con los años, y no importa qué hagas desaparecerá todo rastro tuyo. Así que la vida es miserable y puede tornarse terrible.
-¿Entonces cómo lidia con la idea de envejecer? Usted cumplirá 70 años en diciembre próximo.
-¡Gracias por recordármelo! [Ríe.] ¡Odio ponerme viejo! El envejecimiento no viene con cualidades redentoras que compensen los problemas: no te pones más sabio ni más tranquilo ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura? ¡Nada de eso! ¡Es un pésimo acuerdo, si es que alguien lo pensó de ese modo!
-Bueno, pero usted está en perfecto estado físico y parece saludable...
-Sí, bueno, gracias... [vuelve a sonreír con picardía.] ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa! Pero no soy hipocondríaco, ¿eh? [Carcajadas.]
-¿Qué es lo que más lo asusta de envejecer?
-El deterioro y la muerte. Hacemos todo lo posible por negar u ocultar que nos van a pasar. En mi caso, me encanta trabajar y me resulta terapéutico, como cuando a un viejito lo ponen a tejer cestos. Trabajo porque me ayuda. Si luego la gente va a ver lo que hago, me hace más feliz, pero si no van, ¡me importa nada mientras pueda seguir haciendo películas!
-¿Acaso intenta alcanzar la inmortalidad a través de sus obras?
-¡No! [tajante.] No existe la inmortalidad. El arte es apenas una catálisis intelectual del artista, que a veces cree que existe la vida después de la muerte y que sus obras le permitirán alcanzar la inmortalidad. Pero no, olvídese, no existe eso. No sé cómo les caerá a los católicos de su país, pero no hay nada después de la muerte.
-Volví a ver "Bananas", que hizo en 1971. Y usted está allí joven, hilarante y sagaz. ¿Acaso eso no es una forma de inmortalidad?
-¡No! Eso no significa nada. Podemos ir juntos a la tumba de Shakespeare y depositar flores sobre ella y hablar de cuán buen escritor era y seguir así por un largo rato. Pero para Shakespeare es lo mismo que estemos allí o que no. ¡El está muerto! Es obvio que implica una gran decepción no aceptar la idea de posteridad, de inmortalidad o de legados, pero en última instancia todo eso no significa nada.
-Se ha dicho que usted, junto a Ingmar Bergman y Akira Kurosawa, formó la trilogía que intentó "hacer literatura" con sus películas...
-[Interrumpe.] Para mí, Bergman y Kurosawa son tremendos genios del cine y no siento que alguien pueda ponerme en la misma conversación con ellos. No puedo ser miembro de ese club. Puedo aspirar a ser miembro, pero nunca lo seré, porque carezco de la genialidad que ellos sí tenían.
-¿Son ellos dos los creadores que usted más admira?
-Bergman es el que más admiro. Tengo una gran reverencia por Kurosawa y por Fellini, pero Bergman es el que más admiro, por razones particulares. No simplemente porque haya sido el más grande director, por encima del resto, sino porque los temas sobre los que hizo sus películas tienen un significado especial para mí. Otros podrán sentirse más conectados con Fellini o Kurosawa, pero en mi caso siento que Bergman me habla a mí, personalmente, en sus películas. Es mi favorito.
-¿Acaso le atrae en Bergman su planteo sobre el silencio de Dios?
-[Asiente con la cabeza.] Bergman me interesa porque sus temas centrales eran los terrores existenciales, el silencio de Dios y las dinámicas religiosas y, en un nivel más personal, su visión sobre las dificultades que tienen hombres y mujeres para comunicarse. Kurosawa me atrae menos por los temas que aborda, pero sí por el modo espectacular en que lo hace, mientras que Fellini me atrae por los temas que aborda, pero en menor medida que Bergman.
-Muchas mujeres consideran que usted conoce muy bien cómo piensan. ¿Siente que es así?
-Me siento más atraído por las mujeres. Las encuentro más grandes que los hombres. Desde el comienzo mismo de la vida, ves a los chicos que se pelean, mientras que las niñas son muy dulces. Las mujeres son más civilizadas, gentiles, interesantes y divertidas porque son más complicadas y más emocionales, mientras que los hombres intentan mostrarse fuertes y ocultar sus emociones.
-¿Cómo definiría a la mujer?
-Como el género superior. Aun si incluyo a mi madre y a mis ex esposas [sonríe], porque he tenido muy buenas relaciones con ellas. Mi primera esposa era brillante y me ayudó mucho. Sigo siendo muy amigo de mi segunda esposa [por Diane Keaton], y mi tercera esposa... bueno, sigo casado con ella. Todas ellas, más mis amigas y tías, han hecho grandes contribuciones a mi vida.
-¿Cómo se llevaba con sus padres, ya que bromeó sobre ellos miles de veces? Recuerdo "Días de radio" y "Annie Hall", entre otras películas?
-Mis padres jamás entendieron mis bromas. Nunca. Pero, a la vez, estaban muy contentos con mi éxito. Y aun así habrían sido más felices si hubiera sido médico o farmacéutico o abogado, porque eso es lo que entendían, a diferencia del negocio del espectáculo, de los cabarets, de las películas, aunque también se emocionaban mucho cuando aparecía en el periódico alguna crítica de mis películas.
-Pero ¿qué le decía su madre cuando usted decía, por ejemplo, que el primer regalo que le hicieron de bebe fue poner en su cuna un osito... vivo?
-¡Ja! Bueno, siempre hay que exagerar un poco la verdad? Uno hace cada broma? Como principio, los chistes, como el drama, se basan en los conflictos. Pero la verdad es que mis padres eran muy buenos conmigo. Mi madre fue muy estricta, pero muy generosa al cuidarme... y al sacar el osito vivo de mi cuna.
-¿Qué le disgusta de usted? ¿Su hipocondría, sus obsesiones? ¿Se prepara el mismo desayuno, del mismo modo, desde hace 50 años?
-Bueno, tengo algunos pésimos hábitos. Soy perezoso, cobarde, impaciente, corto de mente? Pero también admito que no le deseo mal a nadie, que trato de ayudar y que tengo una actitud de vivir y dejar vivir.
-Los roles que asume suelen ser de indecisos, cobardes, perdedores. ¿Le gustaría, alguna vez, actuar de ganador y conquistar a la mujer más bonita?
-No, realmente. ¡No creo que pueda convencer a los espectadores con semejante personaje! Represento mejor personajes con otras condiciones que me son más naturales: incompetentes, cobardes, inestables... Usted sabe, ese tipo de cosillas.
-Ultima pregunta: ¿se animaría a ser analizado por un lacaniano?
-¿Usted dice en sesiones cortas? Reconozco que, como decía Bruno Bettelheim [psiquiatra sobreviviente de los campos de Dachau y Buchenwald], a veces se puede mejorar casi de inmediato, como ocurría en los campos de concentración, cuando un neurótico o un fóbico cambiaban en un segundo, y no siempre para mal, con una pistola en su rostro. Dicho esto, le respondo: no, no me animaría con un lacaniano, porque anticiparme a que, en cuanto entre en el consultorio, un tipo me diga: "Vaya directo al punto"... ¡Ah, no! ¡Me haría entrar en pánico! ¡Sería dramático para mí!
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en los EE.UU.
martes, 1 de enero de 2008
Entrevista a Woody Allen: "La vida y todo lo demás"
Woody Allen: un paranoico genial
En una entrevista con LA NACION anticipa cómo es "Anything else", donde encarna a un personaje obsesionado con la crueldad actual
VENECIA.- La cita con Woody Allen es en el espectacular Hotel Des Bains, uno de los lugares "top" del Lido, set de la legendaria "Muerte en Venecia", de Luchino Visconti, y donde unas horas antes un guardaespaldas de Sylvester Stallone le ha pegado a un periodista. Cosas que pasan en la 60a. Mostra de Venezia.
Hace un calor tropical, la humedad es insoportable, pero un cielo encapotado promete temperaturas más aceptables.
Amado u odiado, porque el cine de este prolífico director neoyorquino por lo general encanta, o no gusta, en una habitación del tercer piso donde recibe a la prensa, Woody Allen aparece tal cual se lo ve en sus films. Flaquito, bajo, piel blanca con algunos lunares, poco pelo, voz inconfundible, muy gesticulador. Gruesos anteojos, camisa celeste, pantalón beige, zapatos acordonados marrones.
Aunque es sabido que odia las entrevistas, que nunca va ni a los Oscar ("son demasiado políticos"), ni a los festivales de cine -durante la charla explicó que aceptó venir por primera vez a la Mostra porque también fue a Cannes, y le parecía mal ir al festival francés y desertar del italiano-, Woody está tranquilo. Algo tímido, se lo ve relajado, de buen humor. Al responder, no decepciona: es igual de brillante, irónico, mordaz e inteligente que en sus obras. En los casi 50 minutos de entrevista que concede a LA NACION y otros cinco medios europeos, el tema principal es la película "Anything else", que ha inaugurado el miércoles último la 60a. edición del Festival de Venecia. Un film fuera de concurso en el cual por supuesto él es uno de los protagonistas: David Dobel, un maestro-escritor judío, obsesionado por la crueldad de este mundo, que vive armado de un "survival kit", que en largas caminatas en el Central Park le da lecciones de vida a Jerry Falk (Jason Biggs, actor de American Pie). Jerry es un joven escritor de guiones para cómicos, que tiene un novia muy linda pero tremenda, Amanda (Christina Ricci, la chica de los Locos Addams), y cientos de inseguridades que lo obligan a hacer terapia con un psicoanalista que no abre la boca sino para decir que "la sesión ha terminado". "Hay parecidos entre Jerry y yo cuando era joven", admite Woody, de 67 años, que a la hora de las preguntas pide por favor hablar en voz alta, "porque soy medio sordo".
-En la película, Dobel es paranoico, vive con miedo a todo: ¿influyó el 11 de septiembre?
-No, para nada. Yo ya estaba paranoico mucho antes (risas). Dobel no necesita del 11-9, porque su vida es terrible de por sí. Si uno va a Nueva York hoy, es la misma que hace cinco años. Claro, todos son conscientes del terrorismo, si viene el apagón lo primero que todos van pensar es que hubo un atentado terrorista, pero la gente no está paranoica, sigue yendo al teatro, y sigue con su vida. Con esto no quiero decir que no va a haber más atentados terroristas. El personaje de la película ya era paranoico mucho antes del 11-9. Para él, el 11-9 es sólo un accidente más que confirma su paranoia.
-¿Pero por qué es tan agresivo, necesita estar armado, romper el vidrio del auto que le sacó el lugar para estacionar, a diferencia de otros personajes de sus películas, más resignados?
-Porque es una buena persona, pero está loco. Responde a la crueldad de la vida y a la falta de sentido de la vida, porque el mundo es un lugar terrificante. Su vida sentimental ha sido terrible, ha tenido un colapso nervioso y no tiene ningún interés de analizarlo, por lo que es una exageración de lo que pasa con el estrés de la crueldad del mundo.
-En la película, Dobel dice que hay más verdad en los chistes que en la filosofía, ¿usted piensa lo mismo?
-No sé. Creo que hay mucha filosofía en los chistes o sabiduría rápida (chasquea los dedos).
-Dobel en un momento menciona a Tierra del Fuego como un lugar remoto, y quizás usted aún no sabe que la cancillería argentina le ha enviado una carta-invitación para viajar a la Argentina, donde usted nunca ha estado. ¿Le gustaría ir?
-Sí, seguro me gustaría visitar el país. A mi esposa (Soon Yi) seguro le gustaría, que es lo importante. Yo no soy un gran viajero. A mí en verdad me gustar estar en mi casa, en mi cuarto y escribir. Pero a mi esposa le gusta divertirse, y ni bien alguien nos invita a algún lado ella (chasquea los dedos) deja todo y está lista para partir. Y yo voy porque quiero que ella sea feliz.
Woody -que mañana deja esta ciudad (no para en el hotel Des Bains, del Lido, sino en el lujosísimo Gritti, frente al Canal Grande), rumbo a París, y luego a España, donde tocará con su conjunto-, cuenta también que jamás pensó "Anything else" en función de Jason Biggs y Christina Ricci, sino que los descubrió después, sobre todo a él. "Vi un minuto de American Pie, y enseguida supe que era perfecto", dice, y explica que "por lo general nunca tengo a actores específicos en mente."
A la hora de hablar del cine actual, Woody rescata a jóvenes directores de películas como "Amores perros" (el mexicano Alejandro González Iñarruti), "Viaje a Kandahar" (el iraní Mohsen Makmalbaf), "El gusto de los otros" (el francés Francis Veber), "Ciudad de dios" (de los brasileños Katia Lund y Fernando Meirelles), y es durísimo con el panorama cinematográfico de su país.
-¿Por qué?
-Es muy difícil encontrar buenas películas norteamericanas. Quizá se puede hallar a alguien que hace un buen film una vez, pero después, nada. La industria de Hollywood está polarizada entre esas películas que no hacen dinero, que son pequeñas películas, que son difíciles de ver porque no las pasan ni dos semanas en Nueva York, y esos films con presupuestos de publicidad tan grandes, millonarios, que lamentablemente hacen que al final el negocio sea lo importante. Importa la estética del negocio, del acuerdo, veinte millones de dólares, el trailer, los contratos millonarios, y después viene la película, y en verdad a nadie le importa la película. El film es lo menos importante, lo importante es el marketing.
-¿A quién hay que echarle la culpa? Al gusto del público norteamericano o a los realizadores?
-Es una vieja cuestión, pero yo siempre pensé que hay que echarle la culpa a los que hacen las películas, porque el público nunca, pero nunca jamás, romperá el círculo. Siempre será eso de que al público le gustan cosas estúpidas, entonces hay que darle films estúpidos, que gustan, y entonces hay que hacer otros. Pero si las compañías cinematográficas rompen el círculo, y deciden hacer algo de lo cual pueden estar orgullosos, y que es bueno, ellos podían gradualmente encontrar que hay una pequeña audiencia para ellos, y sucesivamente una audiencia más grande, y más grande todavía. Pero el público no puede hacer la película. El público es pasivo, sólo va al cine a ver la película. El público no puede romper el círculo, nunca va a poder estar tan organizado como para decir "no vamos a ir al cine a menos que no nos den algo más inteligente". El cambio tiene que venir de arriba, pero no va a ocurrir, porque hay demasiado dinero para hacer.
Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia
"Nadie le cree a Bush"
-¿Qué piensa de la situación política actual con Irak en el caos?
-Como muchos otros norteamericanos, yo no tengo dudas de que ganaremos la guerra militarmente, ésta no es una cuestión, pero sí tenía dudas sobre la posguerra, porque sabía que esta administración no iba a ser competente.
-¿La administración Bush no es competente?
-No, no lo es. Como mucha otra gente en Estados Unidos, estoy esperando con ansias las elecciones, cuando intentaremos elegir a un presidente distinto. Después del 11-9 hubo una enorme buena voluntad hacia el gobierno -elegido en forma no muy clara-, un gran apoyo hacia el presidente, patriotismo, pero gradualmente e ineptamente éste fue haciendo trizas toda esta buena voluntad. Ahora nadie le cree.